LA GUERRA DEL FRANCÉS EN EL VALLÉS OCCIDENTAL

LA GUERRA EN TERRASSA

. EL PRINCIPIO DE LA GUERRA Y LAS ACCIONES DEL BRUC


Los primeros días de febrero de 1808 se divulga la noticia que las tropas francesas se reúnen en el Rosselló con el propósito de entrar en Catalunya. El día 13 estas tropas entraban en Barcelona, donde se toparon con la oposición de las autoridades barcelonesas, aunque hubieron de admitirlas ante las órdenes terminantes de la corte madrileña: "que las tropas francesas fuesen recibidas y mejor tratadas que las españolas". Se divulgó que las boletas de alojamiento eran sólo para tres días y que iban de paso para Cádiz. Pero en lugar de tres días, estuvieron más de seis años, ya que no salieron de Barcelona hasta el 28 de mayo de 1814, cuando ya Napoleón no era gobernante.
Tras el sainete de los cambios de monarca representado en Bayona -primero Fernando VII renuncia a favor de su padre, Carlos IV, y luego éste a favor del emperador y finalmente éste delega la soberanía española en su hermano José-, comienza a cundir el desconcierto entre los catalanes y, tras las dudas iniciales, se alzan en armas contra el invasor.

A principios de julio, el general de las fuerzas de ocupación de Catalunya, general Duhesme, publica un bando que dice: "Todo pueblo grande o chico que se atreva a levantarse, será privado de sus privilegios y desarmado; y si en él se derramare la sangre francesa será quemado y sus autoridades que no habrán contenido la turbulencia serán juzgados criminalmente".

Como no podía ser de otra manera, la ocupación de Barcelona determinó el carácter de la resistencia en toda Catalunya, pero mayormente en los lugares próximos como el Vallés, inerme y franco, excepto por el Coll de Montcada. Tras desenmascararse las intenciones de los franceses, se inicia la rebelión. Lleida, y luego Manresa fueron las primeras ciudades en arrojar públicamente al fuego los fardos de papel sellado francés. La réplica no se hizo esperar.

El sábado día 4 una división del ejército francés compuesta por 3.800 hombres, mandada por el general Schwartz salió de Barcelona en dirección a Manresa, aunque un temporal providencial les obligó a permanecer en Martorell hasta la mañana del día 6. La noticia de esta detención inesperada se extiende con rapidez por los pueblos de la comarca, lo que les dio tiempo para prepararse para la defensa, y mientras unos somatenes se dirigían al camino real del Bruc, otros se situaban en el Coll de Daví, o en otros puntos también estratégicos.

La parte del Bruc fue el itinerario elegido por los franceses y allá les esperaban los somatenes, dispuestos a hacerles frente.

La batalla del Bruc del 6 de junio casualmente coincide con el mismo día que la Junta Suprema del Gobierno de España declaraba la guerra "al emperador Napoleón I y a la Francia mientras esté baxo su dominación y yugo tirano...No dexaremos las armas de la mano hasta que el emperador Napoleón I restituya a España nuestro Rey y Señor Fernando VII y las demás personas reales"

Cuando los franceses llegaron a las cercanías del Bruc, algunos paisanos de Manresa pudieron contener al enemigo disparándole tras los arbustos a bocajarro. Por unos momentos les obligaron a dispersarse, aunque los franceses llegaron a ocupar la montaña de Can Maçana. Cuando el Ayuntamiento y la Junta de Govern de Manresa conocieron la situación, reunieron más municiones y armas del somatén de Sallent, Santpedor y Moiá. La avanzada enemiga hizo un reconocimiento del terreno escarpado que había hasta Manresa, y, mientras estaba indecisa respecto a qué hacer para no ser molestada por los somatenes, llegaron unos cien hombres de Santpedor con un timbal, que era de la Congregación de los Dolores de esa población, y seis cargas de cartuchos. Un hombre desconocido, probablemente un soldado de los que habían huido de la guarnición de Barcelona -para algunos historiadores se trata de Isidre Lluçá i Casanoves, hijo de un campesino de Santpedor-, pidió a sus paisanos que le dejasen el timbal para tocarlo. Cuando los franceses sintieron el sonido de la caja, pensaron que llegaban refuerzos de tropas de línea de la plaza de Lleida y Cardona, y huyeron rápidamente. Turbado, el ejército francés se retiró vergonzosamente por la carretera del Bruc y fue perseguido hasta más allá de Esparraguera. En total, los franceses perdieron 400 hombres, dos cañones y una caja que tomó el somatén de Santpedor. Las fuerzas catalanas contaban con unos cien fusiles, 15 arrobas y 18 libras de pólvora y 11 arrobas de balas de plomo. Esta fue la primera derrota en toda regla de una división francesa de 3.800 hombres por parte de unos paisanos que no tenían pericia militar alguna y que luchaban "por su patria, su religión y su rey".

Hubo aún una segunda batalla del Bruc, el 14 del mismo mes de junio, también ganada por los patriotas.

PRIMERAS ACCIONES EN TERRASSA

Apenas dos días después de la memorable acción del Bruc, el Ayuntamiento de Terrassa recibe una orden de la Junta General del Govern de Catalunya, nuevo órgano de poder supremo en el Principado que sustituyó a la Audiencia ya en estos primeros días de guerra, con instrucciones para la organización de la defensa contra los ataques de los franceses, con fecha 8 de junio de 1808.

"...es molt convenient que per sostener la forsa de la gent armada y gastos consernents, se tingués una Junta en esta ciutat señalant per ella lo dia 12 del corrent a las 11 del matí de un comisionat de eixa que junt ab los dels demés pobles se puga prender un método sólido, y expedit per no posarse á no poderse continuar la defensa de Nostra Santa Religió, del Rey y de la Pàtria, ab la inteligencia, que si alguns pobles petits volen juntarse en elegir solament un Comisionat podrán practicar.ho, y si el Pàrroco vol servirse concòrres juntament seria molt convenient (...)"

Dibuix que representa la vila de Terrassa a principis del segle XIX amb la casa Sagrera en primer terme.


Dibuix de Jordi Bigordà. Museu de Terrassa


Cuando llegó a Terrassa la noticia de la victorosa batalla del Bruc, ocupaba la alcaldía en propiedad el experto fabricante Salvador Vinyals i Galí, que, como veremos, se destacó especialmente en las actividades de resistencia al ocupante, junto con el también fabricante y diputado por Terrassa Joaquím Sagrera.

Hay constancia del alzamiento de los somatenes en el Vallés, que salieron en persecución de los franceses que retrocedían hacia Barcelona; en el puente de Abrera abrieron fuego contra el enemigo y "tan aterrados iban los franceses, que si llega el somatén de Terrassa que retrocedió y se levanta el de Martorell, no vuelve uno a Barcelona".

Pero no había suficiente con el entusiasmo abnegado, pero intermitente de los somatenes. Había que organizar la defensa de manera más eficaz y constante si no querían los patriotas ser desbordados por los franceses, y a ese efecto se enviaron instrucciones generales de parte de la Junta General del Govern, de Manresa a las poblaciones del Vallés, pero, temerosa de un nuevo ataque francés, La Junta de Manresa dio órdenes para reforzar los sitios de Can Maçana, la Barata y el Coll de Daví, lugares estratégicos que dominaban los caminos que llevaban a la capital del Bages: "A los señores comandantes del Coll de Daví.- En virtud del oficio que acaba de recibir la Iltre. Junta, del Bayle de Sabadell, por indisposición del comandante de Vich, y motivos que expresa, ha acordado que todos los somatenes de ese apostadero se coloquen en la Barata como punto fixo, y que el Sr. Alsina con una buena fuerza de Somatenes pase inmediatamente a Sabadell y obre de concierto con el primer comandante de Vich. Igualmente ha acordado que Vms. Elijan Adecanes de aquellos Somatenes, que juzguen más a propósito.

Manresa, 10 de junio de 1808."

El mismo día se enviaba un grupo de somatenes a relevar a los anteriores del Coll de Daví.

LA JUNTA DEL VALLÉS

Aquellos días estaban concentradas en el Coll de Montcada las fuerzas del Vallés Occidental, que se mostraron impotentes para resistir a la columna francesa que había salido en persecución de los somatenes vallesanos. Éstos se retiraron y los franceses, furiosos, pegaron fuego a la ermita de Nuestra Señora de Montcada, en la cumbre de aquel monte.

El alzamiento de Mataró siguió al de Manresa y se produjo cuando las tropas de la división de Chabran hubieron de abandonar la ciudad el 7 de junio de 1808. Al día siguiente, el corregidor convocó a todo el consistorio a su casa y organizó el Somatén para bloquear la entrada de los soldados franceses al Baix Maresme desde Barcelona. Después se constituyó, por aclamación popular la nueva Junta, presidida por el coronel Antoni de Coupigny, que era el corregidor.

El día 11 se constituyó en Granollers la Junta Corregimental del Vallés, después de la ocupación de Mataró y de la dispersión de los vocales de la Junta local. El carácter de la Junta queda patente con el hecho de que el presidente era la misma persona que hacía de alcalde mayor en el régimen anterior.

Las disputas entre las Juntas de Mataró y de Granollers obligaron a la Junta Superior de Catalunya a dictaminar que cada una lo fuese de su pueblo respectivo. El 9 de agosto de 1809 ambas juntas se fusionaron y en octubre se acordó que la Junta Corregimental del Vallés residiera en Mataró y que fuese presidente el corregidor de esta ciudad y vicepresidente el Alcalde Mayor de Granollers.

Al día siguiente de la constitución de la Junta Corregimental del Vallés, día 12, la citada Junta señalaba el numero de personas con las que cada pueblo "ha de mantener en el cordón de este Partido armadas y provistas de comestibles". Dirigía, además, este comunicado a los pueblos del Vallés occidental: "Los pueblos de este Partido notados en el margen afrontarán inmediatamente al puesto donde les destinará el Bayle de Tarrasa los hombres del Somatén que se les notan, los quales relevarán dichos pueblos en la conformidad que bien les paresca, y los deberán mantener existentes en aquel puesto hasta que otra cosa se les mande por la Junta General de Gobierno de este Partido, con apercibimiento que no cumpliendo dichos pueblos con lo que se les manda serán castigados por su omisión.

Granollers 12 de junio de 1808".

Las fuerzas que habían de estar permanentemente a las órdenes del alcalde de Terrassa Salvador Vinyals estaban compuestas de 295 individuos, según esta distribución:

Terrassa villa, 50; Terrassa afueras, 20; Sabadell, 44; Sant Feliu de Codines, 41; Sant Cugat, 36; Caldes de Montbui, 35; Sentmenat, 15; Castellar y Sant Feliu del Racó, 12;

Rubí, 10; Sant Llorenç Savall, 10; Matadepera, 6; Cerdanyola, 4; Barberá, 3; Polinyá, 3; Santiga, 3; Gallifa, 3.

El armamento, la manutención y el sostenimiento de los somatenes ocasionó cuantiosos gastos y aún mayores habrían de producirse "con motivo del establecimiento del Cordón de éste Partido". Por ello, el 14 de junio se manda nuevas órdenes a los ayuntamientos para que "el caudal público de éstos se entregue al tesorero de la Junta, quien entregará recibo". Y además "se hace saber que se ha abierto (la Junta) una suscripción de un empréstito gratuito, sin intereses para el público..."D. Joaquím Sagrera contribuyó a ellos con "la cantidad de quatro cientas y sincuenta libras catalanas las que fueron invertidas por la Justicia de la mencionada Villa al referido objeto y al mismo tiempo proporcionó para municiones veinte arrobas de plomo y quatro arrobas de pólvora de valor ciento setenta y sinco libras diez sueldos." Además, "once fusiles, pólvora y municiones, legumbres, bacalao, tocino y otros comestibles". Los días 15 y 16 de junio, unos comisionados de la Junta de Manresa, entregaban a Sagrera, 21 cajas de cartuchos y 21 cajones de piedras, los cuales distribuyó entre la tropa.

Durante los siguientes días, La Junta convoca a todos los migueletes del Vallés para que se presenten en Granollers para relevar a los "migueletes y somatenes" que estaban en la línea de Montcada, orden que debe reiterar en días sucesivos, así como otra convocando a los alcaldes y regidores de cada una de ellas, con un cura párroco, a la capital del Partido. Éstos se excusan, declarando que no pueden dejar solas a las poblaciones en esos momentos por la amenaza enemiga.

El día 20, el alcalde de Terrassa mandó que se hiciese el alistamiento ordenado por la Junta Superior del Principat desde Lleida, el cual comprendía a todos los hombres desde los 16 a los 40 años de edad. La orden era que mientras hubiese solteros, éstos serían los primeros en ser movilizados, y, faltando éstos, lo serían los casados y viudos, comenzando por los que no tenían hijos, hasta llegar al número fijado. Los demás comprendidos en el alistamiento constituirían la reserva.

El día 4 de julio una división francesa comandada por el general Chabran, compuesta de 3.500 hombres, salía de Barcelona dispuesta a desbaratar los planes de los vallesanos. Esta salida les costó cara. Estuvieron tres días por los alrededores de Montcada, hasta que se retiraron vencidos y con unas 800 bajas.

En la defensa del Vallés occidental destacó, como apuntamos arriba, el alcalde de Terrassa Salvador Vinyals, que frecuentemente hacía circular órdenes como ésta entre los pueblos de su circunscripción: "Es enteramente necesario el que cuiden estas justicias (Sabadell, Caldes de Montbui y Sant Feliu de Codines) de enviar víveres al cordón de Montcada, adonde se han apostado unos 600 hombres que han partido de esta hoy muy de mañana, como también el de enviar refuerzos para unirse con aquellos, a fin de que no desmayen en lo que se han propuesto de no desemparar aquel punto, mientras no les falten comestibles que es la más acertada providencia para poder sostener el indicado cordón. Tarrasa, 10 julio 1808" De esos 600 había al menos 100 de Terrassa; al día siguiente se tuvo noticia de que los de Sabadell, Caldes, Sant Feliu, Polinyà y Plegamans habían salido con fuerzas y provisiones para cerrar el paso a los franceses por el Coll de Montcada.

El día 17 de julio, otra orden de la Junta del Partido, estipula que se presenten migueletes armados en Granollers desde todo el Vallés, con provisiones y un mes de paga por adelantado, a razón de 5 reales diarios, a cargo de los pueblos. La idea es que la Junta se encargue del mantenimiento de los migueletes, pero entretanto se organiza el Partido, habrán de ser las mismas villas las que se ocupen de ello; además confirma que los migueletes en servicio en el cordón ha de ser en igual número que los somatenes.

Durante el resto del año la Junta, ya operativa, haciendo de correa de transmisión de instancias superiores o generando la propia Junta del Partido órdenes propias, emite una serie de oficios a las localidades para articular la resistencia, la intendencia y la financiación:

Así, el 20 de julio la Junta establece que "para precaver los perjuicios que pudieren causar las operaciones de nuestro exército, se resuelve que no se libre pase a individuo alguno que sea para el tránsito en Barcelona o sus inmediaciones(...)".

El 30 de julio: "sobre los caballos de marca, que tengan siete palmos y medio o más (...)"

Asimismo, para evitar en lo posible arbitrariedades de las fuerzas patrióticas en armas contra los habitantes de los pueblos "...que todas las fuerzas armadas se pongan a las órdenes del comandante del Corregimiento, don Francisco Barceló, y que se diga a los oficiales migueletes y a los comandantes somatenes que no molesten a los pueblos del Partido (...)."

A continuación copiamos, por su elocuencia esclarecedora, dos largos fragmentos de sendas misivas escritas a principios de julio por el animoso alcalde vallesano a la "Muy Ill. Junta Suprema de Gobierno de este Principado:

"Aunque no creemos que las actuales fuerzas del enemigo sean suficientes para internarse mucho a la Provincia o separarse del punto que ocupan en Barcelona, con todo estamos en la firme persuasión que lo son para hacer correrías en especial por todo el Vallés y quemar y robar todo quanto allí encuentren. Aún quando nuestras fuerzas fuesen bastantes para evitar e impedir aquellas, pero sus presentes circunstancias las inutilizan absolutamente porque estando, como está digámoslo así, al arbitrio de muchos de los Somatenes el situarse en los puntos que más les acomoda y pasarse de uno a otro a medida de su gusto, y aún el apartarse de la línea y regresar a sus domicilios; sucede frecuentemente que quedan algunos puntos absolutamente indefensos y lo quedan casi siempre aquellos que por su situación no proporcionan los mejores medios naturales de defensa. Esta falta se observa en la carretera llamada de Coll de Montcada y en el paso del río Besós. Quando no estuviere de por medio este mal, tenemos el de que algunos menos valerosos de los Somatenes se retiran con facilidad de los puntos a la vista del enemigo, y motivan el que los esforzados hagan otro tanto ya por verse desamparados, y ya porque a veces abandonan los primeros unos puntos que ocupándolos los enemigos precisan la retirada a los segundos. Estas retiradas, si bien son pocas las que se han hecho hasta ahora, se practican con absoluto desorden y no se para la fuerza a un punto determinado, sino que cada uno se va adonde le acomoda a distancia de muchas leguas del combate facilitando al enemigo que en corto número todo lo abrase, saquee y degüelle. Este desorden y estos males proceden de la falta de un Gefe supremo, inteligente y de recta intención que mande y esté a la vista del Exercito, y de peritos subalternos que cumplan con exactitud y según las reglas de la guerra las órdenes de aquel, y las hagan cumplir igualmente que las suyas a la fuerza que esté baxo su respectivo mando. La penetración de la Junta reconocerá que este es el remedio que ganando momentos debe conseguirse; pues con él se proporcionará la fuerza adonde sea menester, se auxiliará la que se vea atacada, se executarán las operaciones con orden y acierto, se reformarán y realizarán planes combinados, y en una palabra se conseguirán la subordinación y el orden de que carecemos absolutamente habiendo tantos Gefes, quantos son los somatenes sin ninguna sujeción entre ellos, ni tampoco entre los mismos y la gente que tienen a su disposición. Mientras no se adopte este proyecto tendremos la guerra entre nosotros mismos porque aunque no nos provoquemos mutuamente con las armas, nos acarreamos recíprocamente la muerte y el desorden con la falta de subordinación y de inteligencia y con la imbecilidad no contenida de algunos. Dignase, pues, la Junta de aplicar todos sus desvelos a tan interesante objeto, que animará más y más el valor de los esforzados catalanes y nos proporcionará el que tantos soldados veteranos que andan divagando con disgusto entre los Somatenes porque aborrecen el desorden y que por lo mismo no trabajan con el fruto que desean, se esmeren a acreditarse, para lo cual fuera tan bien muy importante que se llamasen todas las tropas veteranas que han emprendido nuestra causa para que formasen cuerpos separados, logrando con ello una buena porción de tropa de línea disciplinada y capaz de emprender un plan de importancia".

Al cabo de pocos días, se dirigía nuevamente a la citada "Ilma.Junta Suprema de Gobierno de este Principado" diciéndole:

" Esta villa y su parte foránea están continuamente desvelándose y aplicando todos los medios, ya de fuerza, ya de caudales propios de los particulares para contener la invasión del Enemigo. Su proximidad la hace mirar más de cerca los males que le amenazan, y consultar muy maduramente los medios de precaverlos, no sólo realizando aquellos que están en su mano sino que también proponiendo a V.S. Illma. Como Jefe Supremo del Principado aquellos que sólo penden de su deliberación. A este fin tiene elevada suplica a V.S.Illma. sobre el nombramiento de Jefe Militar, y sobre otros puntos que ha creído de suma importancia. La invasión del enemigo en el llano del Vallés(en donde todavía permanece), ha hecho experimentar a esta villa y su vecindad las funestas resultas que temía de la falta de orden y subordinación en el armamento destinado para contenerle. Ya miramos más de cerca nuestra total ruina. Granollers y su comarca está bajo su ferocidad. Y es árbitro ya el enemigo de disponer de los ricos graneros desde Hostalrich hasta el río Llobregat, y desde la Costa de Mar hasta los montes que terminan el Vallés. Estos incalculables daños dimanan de haberse mirado con mucha indiferencia el paso del Besós y del Coll de Montcada; el quedar estos puntos indefensos, se origina de la arbitrariedad que se abdica todo Somatén, y compañía de Migueletes para situarse en el punto que mejor le acomoda por más que sea en grande distancia del enemigo; Y este arbitrio, causa de todos los males, de la falta de un Gefe Militar, que al tiempo que con la autoridad competente mande la gente armada y la destine al punto en que debe colocarse, combine también las operaciones de los varios destacamentos, ordenando se auxilien en caso de ataque. Estamos palpando todos los días, que el enemigo reúne todas sus fuerzas al punto que quiere atacar abandonando los demás, baxo la seguridad que aunque nuestro exército se apodere del que abandona el enemigo, le es fácil a éste posesionarse otra vez de él, dirigiendo al mismo todas sus fuerzas, de manera que el método que ha elegido el enemigo es, no defender particularmente punto alguno, ni situarse en paraje determinado, sino invadir sucesivamente con toda su fuerza todos los que ocupan nuestros apostaderos. De ahí y de no auxiliarse estos mutuamente en caso de ser atacados, resulta que no se les puede hacer frente y que rompe toda la barrera que se le opone, robando, devastando y sacrificando en distintos días todos los pueblos adonde pueda llegar, no separándose una jornada de la capital. Sólo el punto del Bruc por su particular situación, y por haber dirigido allí la Junta de Manresa toda su fuerza y la de los pueblos de la Montaña, es el que queda libre de la invasión del enemigo. No dexan los pueblos del Vallés de tener en ello alguna satisfacción, pero se conduelen al mismo tiempo de que pudiendo, como puede, defenderse aquel punto, poniendo la fuerza más inmediata al enemigo, esto es, a las crestas de las montañas de alrededor de Barcelona, no se practique esa diligencia, que al mismo tiempo aseguraría a estos pueblos del Vallés y animaría más estas gentes que ahora viven desalentadas a causa de mirarse que se les abandona a la voracidad del enemigo. No dudamos que este proyecto se realizaría, y que se conseguiría el fin de él, si estuviera la Provincia bajo el imperio de un Jefe Militar que estando al frente de la fuerza armada dispusiera las cosas, según los varios momentáneos eventos que ofrece la guerra.

Estas importantísimas reflexiones no dudan estos pueblos que conmoverán el ánimo de V.S.Illma. para no perder momentos en el nombramiento de un Jefe Militar que capitanee la fuerza, pues a diferirse llegaría el mal a tales términos que difícilmente tendría remedio o a lo menos quando con sentimiento tendríamos una gran porción de la Provincia devastada y hecha presa del enemigo.

Si el nombramiento de Jefe Militar es un objeto de la mayor consideración no lo es menos el tomar las medidas convenientes para hacer fondos con la mayor brevedad. El Partido de Granollers está en gran parte bajo la dominación del enemigo, y esto ha quitado la oportunidad de que la Junta de gobierno residente en dicha villa (que queda disuelta) de tomar resoluciones sobre el particular; y habiendo sucedido lo propio de la Junta de Mataró, todo su Corregimiento adolece no sólo del mismo mal, sino que también por la indicada evasión está privada la mayor parte de los pueblos de contribuir a tan importante objeto, y la restante comprometida y obligada a haber de socorrer las infelices familias que han emigrado de aquellos. Esta infeliz situación ha motivado el que algunos de los que se habían alistado ya por Migueletes en la villa de Granollers vayan abandonando sus Compañías por faltarles el socorro que no puede suministrarles la disuelta Junta, y este abandonamiento iría cundiendo a no sacrificar esta villa y otros pocos pueblos que no están baxo la dominación enemiga, los caudales particulares para acudir a la prestación de estos socorros. Este medio Sor. Illmo. Va agostándose, debiendo suportar la carga común un corto número de pueblos o más bien pocos individuos de los mismos. Creher suficiente el Real Catastro y el resultado del mayor Desmero y del Noveno Decimal para tan vasto proyecto es no meditar la cosa como corresponde, y querer llegar al momento que careciendo de todo fondo, ha de abandonarse la Causa que defendemos. Dígnase V.S.Illma. tomar bajo su alta consideración esta tan urgente necesidad y los medios de remediarla. Oyga los clamores de estos pueblos que de más cerca que otros miran su total exterminio.

Tarrasa a Julio 15 de 1808".

Como expone el alcalde tarrasense, estos pueblos estaban totalmente abandonados a su suerte, de manera que su defensa quedaba sujeta a la resistencia de los naturales, sobre todo de aquellos que podían sufragar los gastos de su autoorganización: "...como don Joaquín Sagrera fabricante de paños de la presente villa, en el día 30 del mes de julio de mil ochocientos y ocho, me entregó para la manutención y gasto de somatenes que se rehunió en esta villa a fin de contener al Enemigo, la cantidad de quatro cientas sincuenta libras catalanas las que se invirtieron por el alimento y calsado de los defensores de la Patria".

DE PASO HACIA GIRONA

En la mañana del 7 de agosto llegaba a Terrassa, procedente de Martorell, el conde de Caldagués con tres compañías de fusileros del regimiento de Soria, una de granaderos del regimiento de Borbón y dos mil migueletes y somatenes de diversos corregimientos, comandados por el coronel Baget, y tres piezas de artillería. Por la tarde salían de Terrassa en dirección a Girona.

Estas fuerzas nacionales derrotaron a las tropas francesas del general Duhesme, los cuales se vieron obligados se vieron obligados a abandonar el primer sitio gerundense y a retirarse precipitadamente a Barcelona.

Una de las compañías que más heroicamente se comportaron en la defensa de Girona fue la formada por el bravo capitán Valentí Puig i Farreras, de Mura, la cual se componía principalmente por gente de Mura, Talamanca y Rocafort.

Mientras tanto los franceses incendiaron el monasterio de Sant Jeroni de la Vall d'Hebrón con el archivo y la biblioteca, y realizaron los consiguientes robos y actos de pillaje de cálices y otros ornamentos sagrados.

Después de la ruidosa retirada de los franceses en Girona, las tierras vallesanas volverían a convertirse en el teatro normal de la guerra, y por eso la Junta del Vallés, con fecha 21 de agosto, se dirigió al capitán general de Catalunya, marqués de Palacio, diciéndole:

"Jamás este Corregimiento puede temer como ahora la furia del enemigo por habérsele opuesto constantemente todos los pueblos, pero nunca le harán mella si logran que V.E. mande apostar una partida de tropas capaz de sostener un cordón desde Molins de Rey por Rubí, San Cugat, Moncada, Santa Coloma, hasta Badalona. Esta diligencia privaría indubitablemente toda comunicación con el enemigo, y facilitaría la organización de los Migueletes, que no podrá conseguirse mientras los enemigos nos obliguen a batirnos cada día, como lo harán si por medio de un cordón respetable no se les contiene dentro de Barcelona".

Aquellos días las fuerzas populares vallesanas se militarizaban bajo la denominación de migueletes, los cuales incluso se uniformaban. En Terrassa, actuaba de representante de la Junta Corregional, para el vestuario del tercio de migueletes del Partido, Joan Bta. Galí, el cual se encargó de la compra de los tejidos. En la fábrica de Sagrera adquirió "veinte i seis piezas de paños negros y azul celeste, que se emplearon para el vestuario de los Migueletes del Vallés".

A consecuencia de haberse generalizado el uso del uniforme en el resto de la Península, las fábricas vallesanas agotaron completamente los paños azules.

A últimos de agosto el alcalde Vinyals hacía pública la disposición siguiente:

"Recibida orden del Comandante de armas del Vallés, con acuerdo del señor Bayle de San Cugat don Francisco Majó, que sin dilación alguna manden a todos los hombres útiles para las armas de San Cugat, Sardanyola, Tarrasa y parte foránea, Olesa, San

Llorens, Castellar, Sentmenat, Sabadell y Barberá, acuden a recibir las instrucciones al sujeto que está a la cabeza de cada pueblo.

Casa de Campo de los Monjes, 26 de agosto 1808, Joaquín de Nouvilas".

El 28 de agosto, el alcalde de Terrassa, Salvador Vinyals, envía una carta a los otros pueblos del Vallés occidental pidiendo caballería, a razón de:

Rubí : 10 de silla y 4 mulas de tiro; Sant Cugat: 10 de silla y 6 mulas de tiro; Valldoreix y Cerdanyola: 10 de silla y 6 mulas de tiro; Ripollet y Mogoda: 4 de silla y 4 mulas de tiro; Santa Perpetua: 4 de silla y 4 mulas de tiro.

El día 2 de octubre el coronel Milans, desde su campamento de Sant Jeroni de la Murtra, daba cuenta del valeroso comportamiento de unos migueletes de Terrassa:

"Participo a V.S. que al mismo tiempo había mandado a los capitanes don Francisco Barata y don Segismundo Parés que se presentasen frente a la Trinidad figurando atacar, a fin de impedir los socorros; los que no se contentaron con figurarlo, sino que atacaron: y como los franceses creyeron que los ingleses habían hecho un desembarco, se retiraron hasta el lugar de San Martín; habiéndose distinguido en esta acción los dichos Capitanes, y lo mismo don Joseph Parés".

Todos ellos eran vallesanos, de Terrassa.

DERROTA FRANCESA EN SANT CUGAT

El día 10 de octubre salió de Barcelona una fuerte columna francesa con artillería y caballería. Su objetivo fue el campamento de Sant Jeroni de la Murtra, defendido por los tercios de migueletes comandados por el Coronel Milans, los cuales se vieron obligados a abandonar sus posiciones. Y, una vez roto el cordón que resguardaba el Vallés, los franceses se lanzaron sobre Granollers, adonde entraron a saco.

Entonces los pueblos vallesanos pidieron auxilio a los de las comarcas vecinas. La Junta de Manresa recibió la siguiente misiva del Ayuntamiento de Terrasa, de fecha 13:

"Después de la desgracia de haberse apoderado los enemigos del campamento de don Francisco Milans y por consequencia fatal hallarse el Vallés invadiso por los franceses, se ha levantado el Somatén para el socorro de las urgentes necesidades y hallándose sin municiones, entreguen al dador de la carta una carga de cartuchos con balas de tres y otra de dos quartos y otra parte de onsa".

Desde Granollers las tropas francesas retrocedieron, en dirección al Vallés occidental.

Aquellos días visitaban Caldes y Terrassa los militares Ramón Folguera, mayor de brigada del Real Cuerpo de Ingenieros, y Francesc Sanpons, paramédico del Ejército,
los cuales venían con la misión de preparar "el establecimiento de un Hospital de campaña en el pueblo que mejor se proporciones".

Pero estos dos militares, percatándose del alzamiento general del Vallés por la proximidad de las tropas francesas y de la plena convicción que la "División francesa pretendía dirigirse hacia Sant Cugat y Terrassa a dar algún saqueo" decidieron enviar rápidamente un mensajero a Molins de Rei para informar al conde de Cadalgués. Este experto general ordenó que el ejército se pusiera inmediatamente en camino hacia Sant Cugat guiado por el mismo mensajero.

Esta acción, que tuvo lugar el día 12 de octubre, es considerada una de las más brillantes de toda la campaña, puesto que el ejército napoleónico quedó sorprendido y derrotado por fuerzas muy inferiores en número.

La batalla, que se inició entre la capilla de Sant Domènec y la población, acabó con la huida completa y desordenada de las tropas francesas, las cuales fueron tenazmente perseguidas per las fuerzas nacionales hasta las mismas montañas de Sant Pere Mártir, a la vista de Barcelona.

Es curiosa la anécdota siguiente, contada por el mismo rector de Vallvidrera:

"Air dia 12 Octubre de 1808 pujà al cap de la costa de Vallvidrera lo General Lechi acompanyat de diferents oficials, setse soldats de caballs y xexanta de infantería pera veurer si desde aquí ab una ollera podría divisar la vila de Sant Cugat ahont de ells ni había anat un gran número".

El general francés tuvo, sin embargo, el afortunado contratiempo de no poder ver, ni con anteojos, la villa de Sant Cugat. Realmente fue afortunado de que aquel día la atmósfera no le fuera propicia. Se ahorró un buen susto.

Desde el 15 de octubre se suceden las peticiones de material, armamento, transportes y fondos a las villas del Partido:

El día 15, se piden "seis cargas de 12 cajones; munición de todos los calibres de fusil y otro cajón con piedras y chispas..."

El día 20 del mismo mes ante una petición de fondos desde la Junta del Partido: "... el ayuntamiento no tiene fondos, pues los entrega a la Junta del Partido; por lo tanto: solicita a los particulares 4 mil duros a cuenta. Actualmente ya han adelantado más de 2 mil duros para el vestuario (...)"

Por demás, esta sorprendente y victoriosa batalla llenó de gozo a los vallesanos, como pusieron de relieve diversos testimonios. Entretanto, se producían movimientos de rearme entre las diversas poblaciones a fin de poder hostigar los movimientos del enemigo desde Barcelona. El día 27 salieron de Barcelona unos tres mil soldados
franceses en dirección a Montcada, los cuales, según un comunicado de guerra francés, se encontraron que "una nuve de Miqueletes y paisanos mandados por Milans del Bosch, vinieron a coronar las alturas de San Andrés y San Gerónimo sobre el Besós".

Entonces se produjo la despoblación de los pacíficos monestarios de los alrededores de Barcelona.

En la citada acción del Besós se destacó notablemente la compañía del tercio de Granollers "al mando del mando más antiguo Don Valentín Puig".

Desde entonces los franceses ya no se atrevían a salir confiadamente de Barcelona, pues los guerrilleros estaban prontos para emboscarles por todas partes.

Por eso Sagrera, en fecha 30, escribe a unos clientes de Buenos Aires:

"Si bien que ahun estamos con sinco mil tigres en la Capital, acuden por todas partes manadas de cazadores los quales van anchando los caminos para franquearnos el libre paso de los carruajes marítimos y terrestres". Sin embargo, diversos testimonios dan cuenta de la dureza de las condiciones de vida como consecuencia de la resistencia al ocupante:

"Esta terra baixa està exhausta de diners, ja per los pagos que nos señalen com pera acudirá la justa causa, y com est és un poble que té los caudals espergits per varias parts del regneen moltas de ellas han estat sacrificats, motiu per lo que no se pot esperanzar cobrar un quarto y esto después de sentiro los potentats ho jamega la pobre gent...y crega que encara que no sia esta lo teatro de la guerra és lo canal y población que ha patit, pateix y patirà mentres duria la present guerra, pues és ahont se acut per tot quant imaginar se puga."

Y no sólo se reclaman contribuciones desde la Junta del Partido o la Superior de Catalunya, sino también desde la comandancia de las tropas de línea españolas:

El día 12 de noviembre de 1808, don Gregorio de Laguna, general de las tropas de línea de Levante, desde Sant Cugat, manda a las Justicias de los pueblos del Vallés que aporten:

RUBI: 4 bagajes mayores y 6 menores; TERRASSA: 3 carros, 12 bagajes mayores y 7 menores; ULLASTRELL: 4 bagajes mayores y 2 menores; OLESA: 20 bagajes mayores y 6 menores; VILADECAVALLS: 4 bagajes mayores y 2 menores; MARADEPERA: 1 carro, 3 bagajes mayores y 2 menores; SABADELL: 2 carros, 8 bagajes mayores y 4 menores.

TOTAL: 6 carros, 55 bagajes mayores y 29 menores.

Durante toda la contienda se observará el carácter improvisado de la autoorganización institucional y armada, derivado de la ocupación de la capital del Principado y la desaparición de sus órganos de gobierno, así como de la desarticulación de los

sistemas administrativos y fiscales; se suceden peticiones de ayuda de unos órganos a otros, en hombres, suministros, contribuciones de numerario, etc. que no siempre pueden ser atendidas.

Toda la atención de los vallesanos estaba puesta sobre Barcelona, ciudad que el 8 de noviembre recibió el primer ataque de las fuerzas nacionales comandadas por el general Vives.

"Nuestro Exército - escribe Sagrera - está muy cerca de los muros de Barcelona, y los malditos, enjaulados que ya no hosan salir. Pero en donde lo atropellan es en el Ampurdán, pero ha partido por allí el general Redinch con una buena división que seguramente les hará meter en el Castillo de San Fernando".

Pero eso no evitó que los "malditos enjaulados" hiciesen alguna nueva incursión , pues a principios de septiembre "se presentó en la villa de Sabadell distante una legua de esta villa el General Frances Milasobrics, quién le envió con fecha 6 Diciembre del mismo año de mil ochocientos ocho, una orden para que esta villa (Terrassa) contribuyese con mil raciones de cebada. Y habiéndose comprometido con la respuesta que no obedecían otras órdenes que las de su legítimo gobierno quedó así el Pueblo comprometido en términos que precisó a ausentarse todas las autoridades y la mayor parte de la gente del mismo".

Esta patriótica actitud de las autoridades egarenses fue desde luego seguida aquellos mismos días con motivo de la entrada de las numerosas fuerzas francesas en Catalunya, alzando Somatén general cuando entraron "los refuerzos de los enemigos con el General francés Sain-Cyr".

Por dicha causa el día 14 se recibía la llamada siguiente de la Junta del Vallés:

"¡Alarma, alarma pueblos todos del Vallés! Los enemigos los franceses bárbaros e indignos de llamarse hombres se hallan en las inmediaciones de Hostalrich y viene a desolar este pahís y toda la Provincia. Es pues indispensable y os lo manda muy expresamente esta Junta bajo Pena de la vida y confiscación de todos los bienes que todos todos desde la edad de diez y seis hasta la edad de sesenta años abandonen por un momento los campos y talleres y que con toda suerte de armas os reunáis luego, luego, luego en esta villa a recibir las órdenes del Exmo. Sr. General Redingg que al frente de vosotros y de sus tropas os conducirá al campo del honor y de la victoria. Granollers 14 de diciembre de 1808".

A pesar de todos los esfuerzos, el ejército patriota el día 16 perdía la memorable batalla de Llinars y, derrotado, se replegaba desde el Baix Montseny al Llobregat.

Así lo comunica Vinyals a la Junta de Manresa:

"Nuestro exército desde Granollers se marchó a Cardedeu y a Llinárs a atacar a los enemigos: hubo una sangrienta batalla y mucha pérdida por ambas partes, pero nuestro exército se retiró con algún desorden hacia Ripollet, Sant Cugat y Molins de Rei y otros que habían pasado a la parte de Mataró. Los enemigos pasaron por la expresada villa de Granollers y aún que creo habrá quedado alguna división en dicha villa por auxiliar el botín, el grueso del exército ayer sábado entró en Barcelona. A Molins de Rei se halla el General Reding y el General inglés Doyle y a más de ser allí todo el grueso de nuestro exército ha llegado allí mismo la 1ªdivisión de la 2ª(¿) del expresado Sr. Reding que viene de Granada. Es quanto puedo informar (...)

Tarrasa 18 Diciembre de 1808 a las ... de la mañana - Salvador Vinyals. Bayle.

P.D. Nuestra línea del Llobregat también se ha retirado a Molins de Rey".

A pesar de la difícil situación generada por la derrota, los patriotas no se acobardaron: los somatenes del Vallés, Manresa e Igualada se reunieron con las tropas españolas frente a Montserrat: "Allí acudió el día 19 de Diciembre de 1808 el heroico Somatén de la villa de Terrassa, reuniendo el general Reding una fuerza española de más de once mil hombres".

En la misma ribera del Llobregat tuvo lugar en aquellos días otra desgraciada jornada para las tropas patriotas, tras la cual se recibió en el Vallés esta circular fechada en Manresa, que muestra el dramatismo de la situación:

"Catalanes intrépidos y fieles españoles: los desgraciados acontecimientos que acabáis de ver, han precipitado a la Patria a los umbrales de la ruina. El enemigo ha invadido ya una gran parte de la Provincia y amenaza atacar al Bruch, punto que tantas veces os ha llenado de gloria.

Un crecido número de esforzados paisanos se han reunido allí para impedirlo. ¿Pero permitiréis que estos vuestros hermanos que protegen vuestras vidas, vuestras propiedades y vuestra sagrada religión, desfallezcan o abandonen vuestra defensa por no perecer de hambre? Si tal hicieseis, dejad de nombraros españoles, y si acreditais vuestro patriotismo, creed que todo tiene remedio. Sí, hijos, venceremos si obramos como verdaderos catalanes y seremos vencidos si olvidamos nuestros deberes.

Esperadlo todo de nuestro patriotismo y temedlo todo del criminal egoísmo. Atended a las necesidades de la patria; socorredla hijos sin esperar el día de mañana. Los momentos son preciosos, no los perdáis, si no queréis perderlo todo".

EL HOSPITAL PROVISIONAL

Aquellos días Terrassa se hallaba en constante peligro de verse atacada por el enemigo, el cual rondaba por aquellos contornos.

Eso hizo que se acuartelasen en la villa fuerzas del Regimiento de Bassa comandadas por el coronel Miquel de Haro y que se librasen repetidos combates entre los contendientes.

Entonces dicho coronel ordenó al Ayuntamiento que instalase un hospital Provisional de Sangre, el cual fue erigido "en una sola mañana, para asistir a los enfermos que acababan de ser heridos en una batalla cerca de casa Santangini en el camino que pasa de la villa de Tarrasa a la de Martorell no se entregaron altas para entrar en el hospital , ni bajas para salir, si solo era el único objeto el pronto socorro de los infelices heridos en el campo del honor, estando únicamente encargado para el auxilio y socorro de los heridos el Rdo. P. Fra Joseph Puigmartí religiosos capuxino, y a este le entregaba Sagrera como encargado del Ayuntamiento todo el dinero y demás que necesitaba".

Tal como el propio Sagrera testimonia en uno de sus escritos:"Als ùltims del any 1808 y 1809, quant se posà un Hospital Provisional en esta vila, me comisionà lo Ajuntament y sufraguí de mon caudal, medicines infermers y aliments com y també tots los instruments necesaris per quebradures, de ossos, venas, tela, draps, etc."

EL FUNESTO 1809: BAJO EL YUGO DE LOS INVASORES

El día 17 de enero las tropas francesas llegan a Sabadell, en la cual "villa no hicieron ningún destrozo particular, no obstante de haberse fugado la gente, y de estar en las cercanías haciéndoles un vivísimo fuego, junto con los Somatenes de Castellar, Sentmenat y otros pueblos vecinos".

Las fuerzas vasellanas durante muchos días se mantuvieron firmes al otro lado del río Ripoll, entre la Salud y Sabadell.

Entonces, según noticias que el día 26 de Enero consignó el barón de Maldá "en la vila de Sabadell se ha pillat un espía, est (és) lo Apotecari molt rich i acomodat, ab cartas de correspondencia al General Francès Duesme, y acabarà de fer d'espia pagant.la ab lo cap".

Un testigo de la época, Ventalló, cuenta que, en una de las incursiones, las tropas napoleónicas "atreviéronse en cierta ocasión a bajar hasta la Riera, a media hora de la villa, doce coraceros franceses, y los doce fueron acuchillados por los vecinos de Tarrasa".

A primeros de febrero, encontrándose en Vilafranca el general Wimpffen, con 5.000 hombres para cubrir el Penedés y el Pla de Bages, estaba en constante relación con los prohombres del Vallés. Fue cuando dicho militar entró en relación con Sagrera, a a

quien confía la costosa y delicada misión de "posar uns minyons apostats desde Sant Celoni a Vilafranca, de dos en dos horas, a fi de trasladar.li las noticias dels moviments del Enemichs, tarde y matí" misión que se cumplió satisfactoriamente.

A mediados de marzo, los franceses fueron sacados de Igualada, y al retirarse hacia Barcelona atacaron y derrotaron a las fuerzas españolas que defendían el paso del Llobregat, en Molins de Rei, las cuales, lideradas por Milans y Clarós, se retiraron a Terrassa.

En la documentación de aquellos días consta que, encontrándose en Terrassa la división del General Wimpffen, la cual "se hallaba detenida en la villa sin recursos para su subsistencia" Sagrera pagó "per a suministrar als defensors de la Pàtria": 160 libras a Rafael Puimartí "armer per los fusells"; 296 libras a Salvador Vinyals, Benet Vendrell y T. Solench "per suministrar al tercio de Granollers"; 68 libras quince sueldos Ramón Tarrall, portero, "per alimentar als presos de la presó"; 232 libras diez sueldos a Josep Anton Bosch, distribuidor, "quatre carregas, quatre cortans oli per suministrar a las tropas a raó de 30 duros la càrrega; 118 libras a Marian Benet, criado del Ayuntamiento por "dos càrregas tres cortans oli per las llantias"; y a Pau Sagrera, distribuidor, por 294 quintars 1 arroba de palla, 253 quintars 3 arrobas de lleña de pi y 29 quartans 7 corteras 2 picotins ordi y blat de moro".

Sagrera confiesa que "tots los recibos los entreguí al Ajuntament y a favor de la vila".

Estando Wimpffen en esos días alojado en casa de Sagrera, dicho militar "mandó trasladar al Convento de Sn. Francisco, el Hospital Militar y en los días que tardó a incorporarse de él el contador cuidó Sagrera de mantener el Hospital a sus expensas, y además, viendo que los enfermos dormían en el suelo, entregó una gran porción de madera de álamo, un pajar entero y lienzo para construir camas y xergones".

A mañana del día 23 de marzo se presentó a la vista de Terrassa una fuerte división francesa que venía de Rubí por la riera del Palau. Los habitantes de la villa y las fuerzas nacionales comandadas por Wimpffen dejaron la población para tomar posiciones en las vecinas sierras de les Martines y de Can Poal, donde se colocaron dos piezas de artillería. Terrassa resistió heroicamente, pero tras un par de horas de lucha, el pueblo quedó en poder del enemigo. He aquí un comunicado del mismo Wimpffen a la Junta de Manresa:

"Los enemigos en fuerza de seis-siete mil hombres me han obligado a abandonar el punto de Terrassa después de haberles hecho toda la resistencia posible en tanto que me permitían mis fuerzas; parte de mi trop ahe enviado a reforzar los puntos del Bruch; y otras se hallan en casa Ubach y con otra parte me hallo en este punto. La precipitación con la que los enemigos atacaron, que fue casi antes de saber su llegada a Molins de Rey, no permitió de extraer los víveres que existían en Tarrasa a mucha distancia del pueblo, esto, y no haber venido las acémilas que por disposición de los

Comisionados de la Real Hacienda se pidieron a esa, serán, puede ser, causa que me obligarán a abandonar este punto, y tanto más que no tengo ni una acémila para hacer buscar las municiones que se depositaron en uno de los caseríos intermedios. De todos modos procuraré de mantenerme en lo posible, pero convendrá de que envíe V.S. parte de su somatén práctico de lo enriscado de estos montes, tanto para guiar las tropas, como para ocupar las alturas y oponer mayor resistencia al enemigo en el caso que tratase querer penetrar por ese punto. Todo lo que participo a V.S. para su gobierno y conocimiento. (...) Venta de la Barata 24 de marzo de 1809. Luis Wimpffen.

Muy iltre. Junta Gobernativa de Manresa".

La entrada de los franceses en Terrassa y su permanencia en la localidad, tras la ardorosa resistencia, no sólo de los cuerpos armados (migueletes y somatenes) sino de todos los vecinos, fue a sangre y fuego, causando numerosas víctimas y la destrucción fue sistemática. Múltiples testimonios dan fe de los estragos causados por los ocupantes. Incluso obligaron a los vecinos a que llevasen los muebles de su casa a la plaza pública con los que hicieron gran hoguera. Robaron lo que pudieron, y quemaron y destruyeron por doquier, de lo que no se salvó el patrimonio Sagrera, su casa y su fábrica, estragos que posteriormente fueron valorados en 213.333 reales de vellón. Las parroquias del Sant Esperit y de Sant Pere no se escaparon tampoco de la rapiña. Después de robar las alhajas quemaron en ésta última el altar mayor. En suma, hubo gran devastación y el pueblo quedó en estado de calamidad.

Entretanto se producía el saqueo de Terrassa, una de las divisiones francesas se encaminó a Sabadell, población que cayó en sus manos en miércoles santo, que aquel año se convirtió en día de "robos, saqueos, asesinatos, violencias las más horrorosas, a las doncellas y casadas fueron las que llenaron de llanto y consternación a Sabadell en un día tan Santo como el que celebra la Iglesia".

El mismo día del jueves santo subieron a la cima de la montaña de Sant Llorenç de Munt, y entonces el antiguo cenobio "vio profanados sus venerables muros, y quemados sus altares por las tropas francesas el 30 de marzo de 1809, día del Jueves Santo, el día más grande y más santo de la Iglesia Católica".

Asimismo, en Rubí "no deixaren casa per robar, quedant la Iglesia sens la menor alaja, que las trovaren allá ahont ho tenían amagat. En Sant Cugat tampoc se.n escaparen part de la vila y terme. En esta parroquia de Vallvidrera...vingueren varios días a robar la Rectoría..., per`especialmente lo Divendres y Disapte Sant...; en esta Rectoria e Iglesia lo dit Disapte lo posaren de tal modo que res hi quedà de valor, en tant que la Iglesia no se hi digué Misa fins al cap de molts días, ni menos se poqué habitar la Rectoria de molt temps".

"En San Julián de Altura...quemaron todos los altares, que eran muy bonitos y dorados, sin perdonar a las sagradas Imágenes, ni a los cadáveres de los sepulcros".

"Pero donde desahogaron su sacrílega desesperación, fue en la Iglesia de Junqueras, distante como media hora de Sabadell. Entróse en ella un Capitán, un Teniente y un Cadete y éste, refinado herege, tomó el sagrado vaso, y marchándose al lugar común arrojó ¡o sacrilegio mas abominable! Las sagradas formas. Encontró después una de estas en tan inmundo lugar el Cura Párroco, estando todavía presente el autor de tal maldat. Qué horror!".

La propia Junta del Vallés describe, en una carta dirigida al capitán general Teodor Reding, el trágico panorama militar que entonces presentaba la comarca:

"Los enemigos actualmente ocupan casi todas las villas y lugares desde el Llobregat a la Riera de Granollers, y desde el Besós a la sierra de los montes de la parte de tramontana. Se observa un continuo tránsito de Barcelona al Vallés, y del Vallés a Barcelona...Van recorriendo el Vallés palmo en palmo, roban cuanto encuentran, queman lo que se les antja, y matan a sangre fría a algunos de los que tienen la desgracia de caer en sus manos. Los habitantes de las villas y lugares del llano se han refugiado en las montañas. Allí han retirado las mujeres, niños y viejos, los víveres que han podido, el vestuario y alhajas más preciosas; pero ni este asilo es bastante seguro. Celada la rapacidad francesa con el pillage, trepa hasta lo más escarpado y escondido de los montes...Todas las Divisiones que vinieron del Panadés y Campo de Tarragona, se hallan dentro del Vallés, y no hay aquí fuerza para contenerlas".

Era tal la superioridad de las fuerzas invasoras que los mismos generales franceses creyeron llegada la hora de la rendición total de la comarca, sobre todo teniendo en cuenta las amenazas de lo que pasaría si no lo hacían. Por eso, las avanzadas enemigas que se encontraban cerca de Canovelles, aprovechando tal vez que era viernes santo, enarbolaron la bandera blanca para parlamentar. Los vallesanos correspondieron, y entonces se avanzó un mensajero del general de las tropas francesas y en nombre de éstas les intimó a que depusieran las armas y regresaran tranquilos a sus casas, puesto que el ejército francés solamente hacía la guerra a las tropas regulares y no a los paisanos, y les informaba que si no accedían a tales propuestas tenía ya allí una división francesa, que esperaba otra y que pronto también llegaría la de Saint-Cyr, para obligar por la fuerza a los que no quisieran permanecer pacíficos de grado.

La contestación de los vallesanos no se hizo esperar. Al día siguiente, sábado de gloria, la entregaron por escrito al general francés en su mismo campamento de Granollers. Decía así:

"Estos paysanos, que tienen a grande honor de ser una porción, bien que pequeña, de la noble, generosa y valiente Nación Española, están íntimamente penetrados de los males que han recibido de las tropas francesas en las muchas ocasiones, que por desgracia han invadido sus pacíficos dominios: las casas incendiadas, los muebles y efectos robados, las tímidas mujeres violadas, asesinatos a sangre fría, y sobre todo profanados los objetos de la religión de sus padres, han sido el fruto de sus servicios que habían prestado a aquellas tropas cuando el Gobierno español mandaba alimentarlas. Horrorizados justamente de tan duros procedimientos, no tienen otro arbitrio que repeler la fuerza con la fuerza, y por más que por sí solosno puedan sostenerse en sus pueblos abiertos e indefensos, se atrincherarán en los montes inmediatos, serán sus valles los fuertes que les defenderán y desde ellos opondrán a sus enemigos la más tenaz resistencia, mientras el Gobierno les ordene mirar como a contrarios a los vasallos de Napoleón primero. El General que manda en Cataluña a las tropas Españolas, es el conducto, por el qual deben venir a dichos paysanos las órdenes a que deben sujetarse. En este instante se da parte a S.E. de la proposición que motiva, este escrito: sus mandatos serán los únicos obedecidos, y entretanto se espera de la benignidad del General francés, que cesarán las hostilidades en estos pueblos, que en este supuesto no cometerán alguna contra las tropas francesas, aunque permanecerán los paisanos en los puntos que ocupan. Si contra toda esperanza fuera desatendida tan justa proposición, no habrá medio de que no se valgan estos naturales, para librarse de la invasión que padecen: son muchos sus recursos, nunca se rendirán a un poder, que no les ha manifestado otro derecho que el de la fuerza. Émulos en valor y constancia de toda la España, que resiste tan iniquo poder, no se separará jamás este partido de los nobles sentimientos que respeta la Nación entera. El General Saint-Cyr y sus dignos compañeros, podrán tener la funesta gloria de no ver en este país más que un montón de ruinas; podrá gozarse como los Caníbales de pasearse sobre los cadáveres que sacrificare a su furor, pero ni ellos, ni su amo dirán jamás, que este partido del Vallés, rindió la cerviz a un yugo que justamente rechaza toda la Nación.

Esta responden todos los paisanos del Vallés representados en los que ocupan las expresadas alturas. A 1º de Abril de 1809. Los Paisanos del Vallés".

Esta valerosa respuesta, que mereció el asentimiento general, sirvió para que desplegara aún más el espíritu patriótico, expresándose en la lucha en forma de canciones como esta:

" Catalans, gent valerosa,

De la Pàtria tots amants,

Acudiu contra els francesos

D'un tirà vil partisans.

Tots a l'arma, tots a l'arma,

Contra aqueix mònstruo infernal

Que sols viu de sang humana

Amb crueltat sens igual.

Ello se constata admirablemente a través de la obra "Barcelona cautiva" en la cual el P. Ferrer se refiere a la resistencia vallesana y presenta la relación del número de carruajes que cada día entraban en Barcelona cargados de heridos franceses procedentes del Vallés.

La heroica resistencia de los vallesanos desconcertó a los franceses, los cuales por fin se alejaron de este territorio.

Dice así, con fecha 17 de abril, un comunicado de Esteve Pagès, vocal de la Junta del Vallès, dirigido al capitán general:

Me adelanto a participar a V.E. como sé de positivo, que el Exército enemigo mandado por el General Saint-Cyr ha marchado en número de 12 a 15 mil hombres entre caballería e infantería hacia Vich. Ha partido en dos Divisiones, la una desde Tarrasa, por San Feliu de Codinas, Castelltersol, Moyá y Centellas, y otra, con nuestros prisioneros de guerra y los walones que se hallaban en Barcelona, desde esta de Granollers, por la Garriga y Riera del Congost. La retaguardia salió ayer al amanecer, y con su salida ha quedado libre de la odiosa presencia del Exército francés este territorio.

Desde que este lo invadió por la parte de Tarrasa, los Somatenes del Vallés estaban en acción continua batiéndose todos los días con él, pero desde el día 29 de Marzo último que fue invadida esta villa de Granollers, Cabeza de todo el partido, el Somatén ha sido general sin pasarse día ni tal vez hora , en que no sostuviesen con el Exército contrario un vivísimo fuego y el más seguido.

Es cierto que todas nuestras fuerzas no eran suficientes para detener las marchas de las columnas enemigas, pero las incomodaban a cada instante, mataban a muchos soldados y les herían a infinitos, y desde las montañas se burlaban de todas sus fuerzas y de toda su tan decantada táctica y pericia militar."

Por su activa y valerosa participación en la lucha, Salvador Vinyals fue premiado y elogiado hasta por el comandante general del Ejército Nacional, marqués de Compingny y por la Gaceta Española de Madrid, el 29 de mayo. Ya era considerado como uno de los mayores héroes vallesanos.

EL DIPUTADO-MINISTRO DOCTOR BARATA

Otro de los hombres más destacados de los primeros años de la guerra fue el prestigioso abogado doctor Antón Barata, hijo de la casa pairal de La Barata, cerca de Matadepera.

Al constituirse en Tarragona, el 6 de agosto de 1808, el nuevo gobierno o Junta Superior del Principado de Cataluña, fue nombrado vocal el Dr. Barata, diputado del Corregimiento de Mataró.

Por decreto de la Junta Superior, de dicha fecha, Catalunya quedaba distribuida en 14 corregimientos, cinco de los cuales pertenecían a la provincia de Barcelona: Barcelona, Vic, Manresa, Igualada y Mataró, éste último comprendía los pueblos del Vallés y del Maresme.

Durante los años 1807-1808 el "Dr. Don Antonio Barata, abogado de la Real Audiencia de Barcelona en la misma domiciliado", actuó constantemente como asesor del alcalde de Tarrasa, Salvador Vinyals, que dejó el cargo para lanzarse a la defensa de la patria invadida. Y el lugar de dejó vacante en la Curia tarrasense fue ocupado (1808-1813) por su hermano el Dr. Joan Barata, abogado de los Reales Consejos.

Al cabo de un mes, el Dr. Barata y el representante de la Junta Central, Tomás de Veri, se encuentran en Vilafranca del penedés, donde los días 6 y 7 de mayo se reunían secretamente con dos representantes de los patricios barceloneses para tratar de la conspiración que el día 11 habría de estallar en Barcelona, conspiración que fracasó.

La Junta Superior de Catalunya, que no tenía residencia fija y obraba de acuerdo con las necesidades de la guerra, estuvo de mayo a octubre en el Real Monasterio de Poblet, desde donde redactaba su famosa proclama a los catalanes, del que entresacamos el siguiente fragmento:

"No se tracta solament de socorrer Girona, sino de recobrar lo que momentáneamente se ha abandonat al enemich, y també lo que una casualitat inesperada puguía posar en sas mans; que essent ocurrencias comunas en la guerra, no deu desesperar ningú de la llibertat de la Pátria, per una ocurrencia passatgera, que no pot ni deu causar lo menor transtorn en el camí de la Provincia.

Si algú hi ha que prefereix sas comoditats, a la llibertat de Girona y a la salvació de la Pàtria tota, que sia per sempre borrat del catàlogo dels verdaders catalans..."

Redacción del que no fue ajeno, al igual que en muchas otras proclamas patrióticas de la Junta el Dr. Barata.

Más tarde Barata se trasladó a Madrid , donde ejerció los cargos más importantes e influyentes de la Corte. Sabemos que, a primeros de marzo de 1821, Fernando VII, de acuerdo con el Consejo de Estado, nombró ministro de finanzas al Dr. Antón Barata, ministerio que regentó hasta el 28 de febrero de 1822. Asimismo, también se hizo cargo del Ministerio de Gracia y Justicia por esas fechas.

EL FLAGELO DE LA PESTE

El hambre, la peste y la guerra acostumbraban a ir de la mano en aquellos tiempos. Efectivamente, con las tropas francesas llegaba al Vallés un enemigo aún más terrible que las huestes invasoras: la epidemia de tifus, a causa de la cual "en esta villa (Terrassa) perecieron más de la mitad de los vecinos que la habitaban".

Así, en respuesta a un oficio de la Junta del Vallés dada por el regidor decano del Ayuntamiento de Terrassa se expresa:

"En contestación al oficio de V. del día de ayer, con el que me previene que sin la menor demora, ni escusa, y bajo la responsabilidad de mi persona y bienes, disponga que hoy a las quatro de la tarde comparezca a esta villa de Sant Cugat, toda la gente de mi jurisdicción con todo género de armas, o sin ellas, de la edad de 15 a 45 años; digo: que en esta villa en la actualidad no hay persona alguna; pues no ignorará V. la miserable epidemiaque padece desde que se ausentaron los franceses de esta villa; como que al día habrán fallecido más de 500 personas y se hallan enfermos..., sin gente para asistirlos, y mueren miserablemente. Bien sabe el activo patriotismo de esta villa desde el principio de la guerra contra los Franceses, y que ha sido la única que se ha distinguido de todo el Vallés, y al día se ve en el apuro y conflicto de no poder ayudar en cosa alguna. Pero si Dios permite la salud a los pocos vecinos de este pueblo (como así lo espera) cumplirá con su deber, y aún más de lo que le corresponde, como ha hecho y V. no ignora. El auxilio que podía dar esta Villa, se lo lleva el cementerio de San Jayme en número de diez a doce personas diarias. Que es cuanto puedo y debo decirle en contestación a su citado oficio. Dios guarde a V.S. muchos años. Tarrasa 25 Mayo 1809. Ygnacio Vidal, Regidor Decano.

Otro testimonio es el de Sagrera, que el 16 de junio de 1809 escribe a su primo Joan Rovira, de Cádiz:

"En nuestra Patria (Terrassa) no queda gente, pues entres meses se experimenta faltan 900 almas..."

Plànol de Terrassa segons el cens de 1819.


Durante el trienio 1808-1810 en la villa de Terrassa hubo 1187 defunciones, cuando en el trienio anterior de 1805-1807 habían sido 294.

A principios del siglo pasado, el cementerio de la villa todavía se hallaba situado al abrigo de la Iglesia del Sant Esperit, tocando a la casa prioral, el cual, al iniciarse la epidemia ya resultaba insuficiente para acoger más cadáveres.

Por ello el día 27 de abril de 1809 se acordaba que todos los difuntos de la villa fueran enterrados en el cementerio militar establecido provisionalmente en la otra vertiente de Vallparadís, cerca del castillo de Sentmenat. Este cementerio (20 de mayo) tuvo que ser ampliado"en atención de padecer dicha villa de Tarrasa unas enfermedades muy rigurosas y los muchísimos muertos que cada día se han enterrado y se entierran de un mes a esta parte, ha quedado ya lleno el Cementerio de la Parroquia y vazos de la Iglesia de cadáveres".

He aquí los bautismos y defunciones que tuvieron lugar en las dos Parroquias de Terrassa:

AÑOPARROQUIA DEL SANT ESPERITPARROQUIA DE SANT PERE
BAUTISMOSDEFUNCIONESBAUTISMOSDEFUNCIONES
180515696
1806163108
180716490
18081911872820
18099777417103
18101512262327
1811131812329

El número extraordinario de defunciones del año 1809 coincide, como puede verse, con la notable disminución de los nacimientos de las dos parroquias tarrasenses. De manera que el año 1809 morirían, entre la villa y la Parroquia de Sant Pere 877 personas, cuando la media anual antes de la guerra no pasaba de 115 a 125 personas. Los bautismos del año 1809 ascendieron a 114, mientras el año anterior había sido de 219.

El hambre también se hizo sentir agudamente: "Para que se pueda formar una cabal idea de la terrible miseria que afligía al vecindario de Tarrasa, miseria que era casi general en todo el Principado, basta decir, que se hacía pan de salvado solo, de brisa (orujo) molida, de bellotas, de piñones y sarmientos molidos. El que podía comer pan de habas, maíz y otras legumbres ya no era pobre. Se comían casi todas las hierbas del campo, incluso las calsidas".

El hambre era tan horrorosa "que convirtió en esqueletos la mayor parte de sus moradores". Para socorrer a los más necesitados "habilitóse el Convento de los PP. Recoletos de San Francisco para casa de Beneficencia y se emprendieron varios trabajos, logrando de esa manera salvar a numerosas familias de las garras de la muerte. Estaba al frente de la Beneficencia de Tarrasa, el Rdo. P. Religiosos Francisco Petit, Religioso franciscano natural de esta villa."

EN DEFENSA DE GIRONA

El día 12 de julio de 1809 la Justicia de la villa de Terrassa confecciona una lista de las personas pertenecientes a las distintas clases a efectos de enganche:

Solteros que no son hijos únicos de viuda, de 16 a 40 años: 228

Solteros hijos únicos de viuda, de 16 a 35 años, y solteros jefes de familia de 16 a 35 años: 25

Casados de 16 a 35 años: 235

TOTAL: 488 individuos.

A mediados de agosto, en el Vallés se formaron 40 compañías de 100 hombres cada uno, distribuidas en divisiones de 500, los cuales debían prestar eficaz ayuda en la defensa de Girona. Cuatro de dichas compañías estaban formadas exclusivamente por individuos solteros, de 16 a 40 años, de la villa y término de Terrassa, y dos por elementos de la villa de Sabadell.

A últimos de noviembre, la Junta Suprema del Principado intentó en vano el mayor esfuerzo, levantando en masa al pueblo de Cataluña, se pusieron 50.000 hombres en pie de guerra y exigieron a las personas acomodadas un préstamo de dos millones de duros, de los que Sagrera contribuyó con 800.

Pero, a pesar de todos los esfuerzos, Girona capituló el 10 de diciembre de 1809.

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A mediados de enero de 1810 se hallaba en Terrassa el gobernador militar y capitán general Marqués de Campoverde, cumpliendo el cometido de hacer espiar al enemigo. El día 21, sorpresivamente se lanzó con sus tropas contra las francesas acampadas en Santa Perpetua, que las componía un batallón de 400 hombres, la totalidad de los cuales cayó muerto o prisionero.

SEGUNDA ESTANCIA DE LOS FRANCESES

Tras la marcha de los franceses de las villas vallesanas, las fuerzas de éstas continuaban hostigando al enemigo, de acuerdo con las órdenes recibidas de la Junta Superior.

El día 30 de enero de 1810 los franceses pisaban por segunda vez la villa de Terrassa. Esta segunda visita no tuvo las catastróficas consecuencias de la anterior, puesto que al cabo de dos días los franceses habían abandonado no sólo esos contornos sino incluso todo el Vallés, dirigiéndose sus 4 o 5 mil hombres de infantería y 500 de caballería, en dos columnas, a Vic y a Girona. No obstante, se trasladaron a toda prisa a sitio más seguro prohombres y propiedades.

El día 6 de marzo, el mariscal del Imperio y Gobernador General de Catalunya, Augereau, decretaba una nueva organización política para Catalunya, dividiéndola en cuatro departamentos: Montserrat, capital Barcelona; Ter, capital Girona;Boques de l'Ebre, capital Lleida, y Segre, capital Puigcerdá.

El departamento de Montserrat lo constituían tres subdepartamentos: Barcelona, Manresa y Vic. Y el subdepartamento de Barcelona, nueve cantones más: Barcelona ciudad, cuatro; y Terrassa, Granollers, Mataró, Calella y Vilafranca.

El cantón de Terrassa comprendía: Terrassa, Sabadell, Olesa, Sorbet, Quadra de Clarà, Viladecavalls, Ullastrell, Matadepera, Sant Miquel de Toudell, Quadra del Vallparadís, Sant Llorenç Savall, Sant Feliu del Racó, Sant Esteve de Castellar, Sant Pere de Terrassa, Sant Julià d'Altura, Sant Vicenç de Jorqueres, Sant Quirze de Terrassa, Sant Feliu de Vila de Milanys, Riusec, Rubí, Sant Cugat, Santa María de Campanyà, Valldoreix, Sant Medir, Valldaura, Cerdanyola y Barberá.

Decididos a anexionarse el Principado, los franceses, por medio del general Augereau, duque de Castiglione, y para ganarse la benevolencia de sus naturales, lanzó una proclama conciliadora, en catalán, que decía:

"Catalans: Sa Magetat Imperial, habentme, pux confiat el Gobern de aquesta hermosa Provincia, me apresuro en manifestar la particular estima que me mereix un poble esforsat, industriós y actiu..."

Sí, vencedors de Atenas y Neopatria, se va restablir vostre antich comers d'Orient. La Pàtria Catalana va a renàixer de las suas cendras. Vostra población, disminuïda en seguida de la conquista de la América, será més numerosa que no lo era en temps de vostre esplendor. Napoleon el Gran, vos va a donar un nou ser. Las suas paternals miradas vos han fixat; vostra sort lo ha interessat, y sou baix sa poderosa protección..." Catalans: jo consagraré las miats vetllas y treballs per la vostra felicitat...Entreu en el ordre, auxilieu-me ab los vostres esforsos. Jo reuniré alrededor meu tots los homens virtuosos e ilustrats de la vostra Pàtria; jo me ocuparé incessantment a corregir tots los desordres, y vos procuraré la prosperitatde què és susceptible vostre sòl e ingeni. En això se fundan vostre interés, els meus vots i la meva glòria".

La reacción de las gentes a esta proclama fue de indiferencia.

A mediados de marzo de 1810 las tropas francesas se apoderaban de Manresa, que encontraron deshabitada, ya que los vecinos habían abandonado sus hogares.

A primeros de abril las tropas francesas dejaron sorpresivamente la ciudad del Cardener y se dirigieron a Barcelona. Al divulgarse la noticia, las tropas nacionales del brigadier Manso y el coronel Francesc Rovira, tras perseguirlas, les dieron alcance "antes de llegar al Coll de Daví, pues en un parte que hemos recibido del oficial encargado de los prisioneros, en la casa de San Jayme (Vallhonesta) nos dice que custodia allí doscientos sesenta y entre ellos20 heridos de los qe hay 9 oficiales". En el Hostalet del Coll de Daví comenzó la lucha, que no cesó hasta la derrota total de los enemigos en Sant Juliá de Altura, vecino a Sabadell.

"Resultaron de esta acción - constata el comunicado de Milans - unos quinientos muertos enemigos, entre ellos doce oficiales y una mujer de la familia del General: doscientos noventa y nueve prisioneros, contando dos mujeres, diez oficiales, tres cirujanos, y el médico de su Exército: habiendo escapado el General Schwartz con dos heridos y muerto el caballo que montaba, y unos trescientos hombres, la mayor parte sin mochilas, hacia Barcelona".

Aún consta una tercera llegada de los franceses a Terrassa en 1810, aunque carecemos de detalles sobre la incursión, salvo el nombre de dos muertos; a lo que parece esa llegada no causó tan graves trastornos como las anteriores.

A partir de ese año y en los próximos, se suceden las instancias de los ayuntamientos relacionadas con solicitudes de exenciones de soldados por unos motivos u otros, y, sobre todo, pidiendo que se den libres del servicio de las armas a los que sirven en las fábricas de paños, como constaba en los privilegios reales concedidos y solicitando la anulación de los nuevos decretos que los obviaban.

EL INCENDIO DE MANRESA

El día 30 de marzo de 1811, como prueba del bárbaro proceder del ocupante, a pesar de las reiteradas proclamas conciliadoras de sus generales, las tropas del general MacDonald llegaron a la ciudad de Manresa, en donde "la crueltat y barbarie dels soldats de Napoleón que en número de deu mil, conduits pel sanguinari MacDonald incendiaren y reduiren a cendres en la nit del trenta de mars del any (1811), més de setcentes tretze cases de la ciutat de Manresa, cometent en ella tota clase d'assesinats, robos y horror imaginables, y dexant a més de mil y trescentes families de tan preclars patriotes sense l'asil que tenien en les fabriques i tallers de sa industria". Tras lo cual las tropas francesas emprendieron la ruta hacia Barcelona, pasando por el camino real del Pont de Vilumara, Collde Daví y la Barata, sitios estratégicos adonde sufrieron un millar de bajas. También murieron muchos vallesanos en esa jornada.

EN CONSTANTE SOBRESALTO

A partir de mayo de 1811, las tropas francesas de Barcelona hicieron una serie de sorpresivas salidas por los pueblos de las inmediaciones a fin de capturar y tomar como rehenes a las personas más prestigiosas y acomodadas del vecindario. Sagrera señala en su correspondencia de ese tiempo que lo hicieron en Sant Cugat, de modo que para evitar ser apresados "los señores Busquets tienen su domicilio en La Barata, Surís en su Molino, Galí en el Ubach, Joaquín (Galí) en San Lorenzo, Viñals en Montserrat y yo, por ahora, en Vacarisas y así nos hemos dispersado todos, por no esser sorprendidos como los de Sabadell, Sn. Cugat, etc." y acaba diciendo: " Amigo creas que no es vivir el hallarse en esta Provincia y en particular en estos alrededores, pues la alarma continua en que se está es bastante para transformar el corazón más empedernido". Y al negociante en lanas Martínez de Molina, con fecha 15 de junio, le escribe: "...Nosotros como nuestra población está a seis horas de Barcelona estamos ostigados por ambos exércitos, hemos tenido algunas invasiones del Enemigo que han devastado la villa y sus comarcas; a más de esto lleva ya este Vallés o pahís pasadas ya de 47 pasadas del Exército enemigo, de modo que assi como antes era un puño de oro, por el grande trabajo de fábricas y cultivos, ahora es el pahís más mísero por tener que fugar la gente muy a menudo y no poderse trabajar ni cultivar; y ahora se agrega otro motivo, pues des de la toma de San Fernando por nuestras armas ha aumentado el enemigo muy mucho la guarnición de la capital de Barcelona, y como ahora este pahís está abierto(pues las pocas tropas que estaban a la línea del Llobregat todas han partido al auxilio de Tarragona) se valen los vándalos de esta ocasión sorprendiendo de noche a las poblaciones y llevándose los sujetos de mayor figura encerrándolos a la Ciudadela y entonces para su rescate se hacen pagar 20, 30 o 50 mil duros, según la población, y luego les imponen la contribución mensual muy cargada, tal ha sucedido a las poblaciones de San Boy, San Cucufate, Sabadell, Badalona, Ripollet, Sta. Perpetua y otras, y como sabemos que nuestra villa también está en la lista de contribuciones, para evitar toda sorpresa hemos resuelto quasi todos los fabricantes abandonar nuestros hogares y apartarnos con nuestras familias a otras poblaciones, y unos de otros bien esparramados, tal han hecho estos sus servidores, los señores Busquets, los señores Francisco e Ignacio Galí, señores Viñals, Dn. Joaquín Galí, José y Juan autista Galí, señores Soler, Font y Burrull y otros que omitimos, bien que una vez la semana todos vamos a dar una vista a nuestras casasy nos correspondemos para tratar de nuestros negocios y hace ya unos dos meses que desemparamos la Villa y solo en casa ha quedado los operarios y el mayordomo para dar con qué trabajar a los pobres y no tienen en ella otra cosa que la lana más precisa para la operación y los paños más necesarios, y en habiendo alarma alguna se carga todo y se lleva a la montaña. DON FRANCISCO ESTO NO ES VIVIR!" Las mayúsculas son del mismo Sagrera.

PÉRDIDA DE TARRAGONA

La situación empeoraba por momentos. El día 28 de junio de 1811, Tarragona se rendía a las tropas francesas comandadas por el general Suchet, las cuales cometieron las más grandes tropelías en esa población. Siete mil muertos en la defensa, y otros tantos prisioneros, que trasladaron primero a Reus y luego a Francia. Y lo que quedaba del ejército español, dispersado y en fuga.

En esos momentos tan graves, el ejército español, por decisión del general Campoverde y de su Estado mayor, abandonó el Principado a su suerte y salieron inmediatamente de Catalunya todas las tropas nacionales.

Ante tal desastre y fuga del ejército, la Junta Superior hace una proclama desde Solsona el 7 de julio: "Esta no.ns deu aterrar. No està perduda la patria, no desmayen vostres representants. Lo que importa ès que tots coopereu en què a la mayor promtitut se reunescan los dispersos del exércit. No faltan generals de reconegut valor y patriotisme que'ens defensaran...No falta mes que nosaltres mateixos mos animem com tres anys atrás, y per això basta considerar els perills en que's trova nostre Principat. Ja se jacta l'enemich de tenir asegurada la presa, y no dubta de què molt en breu anem tots a quedar esclaus seus. Seria una desgracia lamentable tan trista sort, que no pararía sols en esclavitut. ¡Oh Déu etern! Un cor que haveu fet per amar.vos y per servir.vos, és cabalmentlo que va a corromprer l'enemich, intentant borrar la vostra amada imatge y posar.hi la de la irreligió e iniquitat".

Al cabo de pocos días "Perduda que ha estat Tarragona...lo baró de Eroles ab los demés Comandants catalans han tornat a juntar la poca tropa catalana que ha quedat dispersa, perquè los Castellans tots se han ausentat".

Tras la toma de Tarragona, era necesario reagrupar las fuerzas militares y armadas dispersas, uno de cuyos responsables fue Joaquín Sagrera, que fue nombrado Comandante de guerrillas de Catalunya; promovió la agrupación de los soldados dispersos, los organizó en grupos operativos y luchó con ellos contra los franceses, hostigándoles.

Esta táctica de reforzamiento de la fuerza local y hostigamiento del enemigo fue reforzado en algunas poblaciones como Terrasa con la negativa a pagar contribuciones a los franceses en sus incursiones usando la táctica de huir y dispersar personas y bienes a otras poblaciones libres de la presencia francesa o a la montaña. En todo caso, esa extorsión permanente de que eran víctimas los vallesanos supuso una calamidad para la supervivencia de mucha gente, como atestiguan los registros de que disponemos.

Una de las tácticas de los franceses para "mantenerse sobre el terreno" ocupado, era tomar rehenes o prisioneros, susceptibles de rescate monetario, lo que les aportó importantes fondos para financiar la ocupación, a costa de debilitar la capacidad de acción del enemigo. Uno de los que se hizo rescatar muy caro fue el líder guerrillero Sagrera, pues, hecho prisionero en una acción contra el enemigo el 27 de septiembre de 1811 y condenado a muerte, sólo pudo liberarse, un año después, entregando 8.000 libras para pasar de prisionero a rehén, y 25 mil duros, para recobrar la libertad, sumas enormes para la época.

El día 24 de septiembre de 1810 tuvo lugar la apertura de las Cortes de Cádiz, movimiento liberal que fue referencia de ulteriores movimientos reformadores durante más de un siglo en toda España, que tuvo paradójicamente su inspiración en las constituciones francesas y americanas libertadoras del Antiguo Régimen, creando un movimiento de reforma institucional, de nuevas formas de propiedad ya plenamente capitalista, de nuevas relaciones entre capital y trabajo, superando los gremios y acercándose a los sindicatos y las patronales posteriores, planteando una reforma en las relaciones entre la Iglesia y el Estado e integrando los bienes eclesiásticos al mercado a través de la amortización, usufructuando el estado parte de los tradicionales diezmos, suprimiendo la constricción de las conciencias que se sufría a través de la Inquisición y la libertad de prensa y ampliando la base electoral y contributiva.

Formando parte de los veintidós representantes de Catalunya figuraba el destacado industrial tarrasense Salvador Vinyals, aunque, al parecer, su contribución a la labor legisladora fue escasa y su liberalismo, reticente, como el del resto de la delegación catalana, exceptuando Antoni de Capmany, como lo señala el que votaran en contra de ley de libertad de prensa, finalmente aprobada por las Cortes.

A finales de 1811 se le confía a Vinyals el puesto de comandante subinspector de las compañías patrióticas, para fiscalizar las condiciones de los cuerpos armados de la región. Poco después renuncia a su acta de diputado y se reintegra a sus negocios, ya que, según consta, dada la magnitud de sus negocios, pues contaban estos con más de 500 trabajadores, la ausencia de dirección estaba quebrantando el patrimonio familiar.

Durante el trienio 1811-1813, los franceses, enseñoreados del territorio por haberse roto las líneas de defensa de los patriotas, a causa de su superioridad militar, frecuentaron las correrías de pillaje, secuestros e imposición de contribuciones entre los pueblos del Vallés, desprovistos de toda defensa, con lo que causaron daños mayores de los que ya habían sufrido, de modo que estuvo mucha gente dispersa por los lugares de las montañas cercanas y casi abandonadas las labores de los campos y las fábricas. La constante necesidad de suministros y combatientes por parte de los grupos armados de la resistencia fue otra carga no menor. Se cuentan incursiones de los franceses en muchas poblaciones, y en Sabadell permanecieron varios meses.

Durante el resto de la guerra se suceden las peticiones urgentes de suministros:

En 1813, los pueblos deben hacer frente a crecientes contribuciones para sostener las operaciones, aunque no al grado que exigían las Juntas o los ejércitos, pues las arcas municipales estaban exhaustas. Así, se exige dinero: el 15 de marzo se pide al Ayuntamiento constitucional de Terrassa nuevas contribuciones extraordinarias para suministros, excusándose éste de que ya se han pagado más de 30 mil duros a ese fin y no es posible exprimir aún más a los vecinos; pocos día más tarde, se recibe un oficio de la tercera sección del ejército, a punto de llegar a esa villa, para que al día siguiente esa sección quede socorrida con 3.200 raciones de pan y 100 de cebada; el alcalde contribuye con 1800 reales de vellón de su propio caudal, por no poder hacer repartimiento entre los contribuyentes, por hallarse éstos huidos; el mismo ayuntamiento solicita a las localidades próximas que no sufran con el tránsito de las tropas, concurran también a los suministros; nuevos oficios reclamando al ayuntamiento el pago de las contribuciones extraordinarias por valor de 5.553 duros, acémilas y transportes y otros gravámenes. Además, varias indagatorias y sentencias por connivencia con el enemigo, traición o espionaje; solicitudes de exención de contribuciones o servicios de armas, órdenes para la detención de bandoleros, etc.

Se observa con claridad que los avatares de la guerra seguían las iniciativas del ejército francés, y éste dependía de la situación general de las tropas napoleónicas en el resto de Europa, de modo que la tenaza se apretaba o abría siguiendo esa dinámica.

Así, cuando ya a principios de 1814 la guerra en Eupopa obligaba a Napoleón a retirar las tropas de España, se fue produciendo la liberación de la mayoría de las zonas ocupadas del Principado; en marzo, Napoleón liberó a Fernando VII, si bien Barcelona, Tortosa, Hostalric y Figueras no evacuaron hasta después de la destitución del emperador, decretada por el senado francés el día 3 de abril. Fue entonces, tras la salida de Barcelona, cuando se produjo el regreso de emigrantes y la relativa normalización de la vida local. Pocos días más tarde Luis XVIII ocupaba el trono de Francia.
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