LAS BATALLAS EN CATALUÑA


BATALLA DE LLINARS O CARDEDEU

Rendida Rosas (5 de diciembre de 1808), apresuróse el general Gouvión Saint-Cyr a marchar en auxilio de Barcelona, que las cartas de Duhesme suponían en inminente peligro de perderse. El día 8 se encontraba ya con unos 16.000 hombres y 1.500 caballos (Constituidas dichas fuerzas por las Divisiones Pino, Souham y Chabot. La de Reille debía continuar en el Ampurdán encargada de guarnecer las fortalezas de Rosas y Figueras.) en la orilla izquierda del Fluviá; cruzó este río el 9, para alojarse en Mediña, y enviando el 11 toda su artillería a Figueras, después de haber estado maniobrando el día anterior como para emprender el sitio de Gerona, tomó el camino de La Bisbal, donde distribuyó a las tropas raciones para cuatro días y 50 cartuchos por plaza, y con otros 150.000 cartuchos en acémilas, único repuesto que llevaba, siguió el 12 a Castell d'Aro, cerca de Palamós, manifestando ya claramente su propósito de enderezar su marcha a la capital del Principado: operación arriesgadísima y muy expuesta a un desastre análogo al de Bailén si los españoles hubiesen procedido con más acierto y diligencia; pues vigilado el camino del litoral por los buques británicos y cerrado el del interior por la fortaleza de Hostalric, habiendo podido oponérsele de frente en cualquiera de ellos, en buenas posiciones elegidas de antemano, la mayor parte de las tropas que reunía el general Vives en el llano de Barcelona, unos 20.000 hombres, y otros 8.000 que al mando del marqués de Lazán quedaban a su espalda en Girona, además de los tercios de Milans y los migueletes de Clarós, el experto general francés podía haber sido aniquilado, víctima de su buen deseo de salvar Barcelona, que entonces habría tenido forzosamente que sucumbir. Pero Vives, al tener noticia el 11 del movimiento de su adversario, se limitó a mandar a Reding a Granollers con sólo su División (4.000 hombres), y el 15 se decidió a reunirse él en persona a su teniente con otros 4.000 hombres, dejando frente a la capital los 12.000 hombres que mandaba el conde de Caldagués, contra el cuerdo parecer de éste, que en el consejo celebrado opinaba por dejar sólo 4.000 hombres en observación de los sitiados y marchar con todas las fuerzas restantes al encuentro de Saint-Cyr.

Batalla de Llinars/Cardedeu (desembre 1808), del quadern de campanya de Saint-Cyr.


Los imperiales entretanto no habían desperdiciado el tiempo. El 13 por la tarde se encontraban en Vidreras, cuando Lazán, desengañado ya del error en que estaba sobre las intenciones del enemigo, se había movido al cabo de Girona hacia Cassá de la Selva; pero fue contenido fácilmente por la División Souham que, cubriendo a la División italiana de Pino, permitió a éste abrirse paso el 14 hasta Massanet y Martorell, junto al Tordera, a cuyas excelentes posiciones no habían llegado todavía las tropas de Vives, pues sólo el 16 por la mañana muy temprano llegaban sus avanzadas a Llinárs, donde se encontraron con las del enemigo. Este había eludido el día anterior pasar bajo los fuegos del castillo de Hostalric dando un rodeo, a la desfilada y los caballos del diestro, por un sendero apenas conocido, para volver a tomar luego la carretera y continuar sin detenerse hasta salvar el desfiladero de Trentapasos, en cuyos altos estableció su vivac a más de las diez de la noche.

Los españoles, en presencia de sus contrarios, se replegaron a las faldas de las eminencias en que se asienta Cardedeu, estableciéndose en ella en dos líneas: una avanzada sobre el barranco para dominar mejor las avenidas, y la segunda en la parte más alta; Vives en el centro, sobre la carretera; Reding a la derecha y a la izquierda los somatenes de Vic. El general Pino, cuya División iba en cabeza, a pesar de la orden terminante de Saint-Cyr de acometer a los nuestros y abrirse paso en la formación de columna que llevaba, considerando peligroso emprender de este modo el combate, dispuso atacar las dos alas españolas para favorecer la acción sobre el centro, lo que se llevó a cabo con tan mala fortuna, que la brigada Mazzuchelli, la de la izquierda, quebrantada por el certero fuego de la artillería, fue repelida con grandes pérdidas y destrozado uno de sus regimientos por el de Húsares españoles, que mandaba el coronel Ibarrola, quedando prisioneros dos jefes, 15 oficiales y unos 200 soldados. No salió mejor librada la columna que sobre nuestra izquierda dirigió el general Fontane, rechazada también por los Migueletes de Vich, y difícilmente habría salido de su apuro Pino, si en aquellos momentos no hubiese llegado su General en jefe al campo de batalla. No siendo ya posible realizar su primitivo proyecto, hizo repetir el ataque a la División italiana, ya rehecha, y reforzada por la de Souham, que contuvo a las tropas de Reding, mientras Fontane, volviendo por su honor, arrolla las tropas irregulares de la izquierda española, coadyuvando en seguida por el flanco al ataque del centro, por donde se abrió al fin paso hacia Cardedeu la caballería italiana. Reding permaneció en sus posiciones hasta el último momento, cuando confundido ya con sus adversarios, tuvo que huir por donde le fue posible, salvándose gracias a la velocidad de su caballo. Vives fue a parar a la marina, embarcándose en Mataró para tomar tierra en la derecha del Llobregat; tan sólo se libraron de la dispersión general, replegándose en buen orden hacia Granollers, los bravos húsares de Ibarrola, una sección de artillería, dos piezas de las siete que habían concurrido a la acción y pudo retirar el teniente del arma don Domingo Ulzurrum, y algunos cuerpos de Infantería, conducidos por el brigadier de Artillería don Martín García Loygorri (Por el mérito contraído se concedió a dichas fuerzas un escudo de distinción), hasta que se presentó en San Cugat de Vallés el general Reding desde Montmeló y se retiró con estas tropas a Molins de Rey (ver 21 diciembre), donde se encontraban ya las del conde de Caldagués, el cual había levantado su campo de Barcelona a la aproximación del ejército de Saint-Cyr, cuya División Pino campó por la noche junto al río Besós, teniendo aquél que abandonar al enemigo en Sarriá sus almacenes de víveres y municiones (En la mañana del 16 rechazaron todavía una salida general que verificó Duhesme).

Perdiéronse en esta fatal jornada más de 1.500 hombres entre muertos, heridos y prisioneros, y además dos banderas y las cinco piezas de artillería de que se ha hecho mención.

El marqués de Lazán y el coronel Milans del Boch no pudieron llegar al campo de batalla a tiempo de evitar o aminorar al menos el desastre, retrocediendo el primero a Gerona; el segundo se mantuvo algunos días en Arenys sin ser molestado.

21-12-1808. BATALLA DE MOLINS DE REY

BATALLA DE MOLINS DE REI

Al día siguiente de la batalla de Llinárs (16 diciembre de 1808) estableció Saint-Cyr su cuartel general en San Andrés de Palomar, y el 20, descansadas ya sus tropas, se adelantó con ellas (las divisiones Pino, Souham y Chabot, de su cuerpo, el VII, y la división Chabran , de la guarnición de Barcelona: en todo unos 20.000 infantes y 1.500 caballos) a la margen del Llobregat, deseoso de batir de nuevo a los españoles, apoyando la derecha en Molins de Rey, el centro, con el cuartel general, en San Feliú, y la izquierda en Cornellá. Los españoles, que no pudieron reunir a más de 10.000 infantes y 900 caballos para oponer al doble número de enemigos, mandados por un general de la talla de Saint-Cyr, se habían establecido en la derecha del Llobregat en posiciones fortificadas, desde Pallejá, en que apoyaban su izquierda mandada por el mariscal de campo D. Pedro Cuadrado, para cubrir el vado de dicho nombre y el paso por Molins de Rey, por donde se esperaba el principal ataque, a las alturas de San Vicents dels Horts, opuestas a los vados de San Juan Despí y San Feliú, en las que se apoyaba la derecha, a las órdenes del brigadier D. Gaspar Gómez de la Serna, ocupando además como puntos avanzados a derecha e izquierda las alturas de Santa Coloma de Cervelló y del Papiol. D. Teodoro Reding y el conde de Caldagués se mantuvieron cerca de Molins de Rey en los reductos que defendiendo el puente se habían levantado a uno y otro lado de la carretera de Valencia. Vives se encontraba en Villafranca, dedicado, con la Junta de Cataluña, a organizar la defensa del Principado.

Batalla de Molins de Rei (1808)


Antes que clarease el alba del 21, la división Pino cruzaba el río por el vado de San Feliú y la de Souham lo hacía por el de San Juan Despí con el intento de envolver la derecha española la primera y atacar el centro de la línea la segunda, mientras la de Chabran tenía en jaque la izquierda de Molins de Rey. La acción de las diversas columnas de ataque fue tan rápida, enérgica y simultánea, que tras una débil resistencia nuestra derecha fue arrojada a espaldas del centro, y arrolladas en seguida una y otra sobre la izquierda, donde por fortuna Chabran no acometió el paso del puente en el momento oportuno, como tenía prevenido, para convertir la derrota de los españoles en un desastre completo; así es que éstos pudieron ponerse en salvo, aunque en la mayor dispersión, huyendo en distintas direcciones, con lo cual, a pesar de ser perseguidos vivamente por espacio de quince horas, el número de prisioneros no pasó de 1.000 y de algunos centenares los muertos y heridos.

Vives se presentó en el campo de batalla a las diez de la mañana, a tiempo de presenciar todavía la derrota y disolución completa de lo que quedaba de su ejército, y clamando la opinión publica en contra de él, fue amenazado de muerte en Tarragona, teniendo que resignar el mando en el general Reding, que poco tiempo después era batido también en Valls (ver 25 febrero 1809).

Los franceses se extendieron desde Molins de Rey por casi todo el Principado, llegando por la parte de Tarragona hasta el Vendrell, donde se estableció Souham. Chabran siguió por el camino de Lérida hasta Martorell y Esparraguera, frente al Bruch, de tan ominoso recuerdo para él; Chabot se extendió por San Sadurní hasta Igualada, y Pino se situó, con el cuartel general de Saint-Cyr, en Villafranca, mandando destacamentos de sus tropas a Sitges, Villanueva y Geltrú y demás pueblos cercanos a la costa.

El brigadier D. Gaspar Gómez de la Serna fue alcanzado y acuchillado cerca de Villafranca, muriendo en Tarragona a consecuencia de las heridas. Entre los prisioneros se contaron el conde de Caldagues y los coroneles Silva, Bodet, O'Donovan y Desvalls. Se perdió toda la artillería, una bandera y los cuantiosos almacenes que había en Llobregat, Villafranca del Penedés y Sitges.

LA BATALLA DEL BRUC

Descripción del terreno

En aquellos años, la carretera o camino real a Lérida, Zaragoza y Madrid iba ganando la divisoria entre el río Llobregat y su afluente Noya, que pasa por Martorell, por una de las ramificaciones del Montserrat, para descender hasta Igualada y continuar hasta Cervera y Lérida. A un kilómetro del Bruc de Dalt se encuentra la bifurcación del camino hacia Manresa, que se dirige hacia la divisoria mencionada cruzando por un collado existente entre la cumbre, empinada y abrupta, y unas lomas que inmediatamente se deprimen hacia el sur en ásperas barrancadas que llevan sus aguas torrenciales al Noya por la vasta llanura que se observa al pié. Junto al collado existía un caserío denominado Can Maçana, situado en un punto elevado de notable pendiente, atalayando la red de comunicaciones que se repartían para Igualada, Manresa, Barcelona y el monasterio de Monserrat, oculto entre los picos de la montaña.

De igual modo que en las faldas de Montserrat, el terreno se hallaba junto al camino real salpicado de arbustos que distraían la monotonía de la capa de rocas que, en general, constituye la montaña. Junto al caserío de Casa-Masana existía un pequeño bosque de pinos que ofrecía suficiente cubierta a quien se propusiera observar el territorio sin temor de ser descubierto. Esta fue la posición elegida por los somatenes de Manresa e Igualada para enfrentarse a la columna del general Schwartz.

PRIMERA BATALLA DEL BRUC

Antecedentes

El 4 de junio de 1808 el general Schwartz partió de Barcelona por el camino de Manresa al frente de su columna de 3.800 soldados y dos piezas de artillería. Enseguida la noticia corrió como la pólvora entre los paisanos, quienes mandaron avisos hacia Manresa e Igualada, las poblaciones más amenazadas por este movimiento de los franceses. En ambas villas se tocó a "somatén" ese mismo día. Por la tarde, la vanguardia de la columna francesa llegó a Martorell. Los coraceros que la formaban, quienes fueron recibidos con el toque de somatén, aún desconocido para los franceses, fueron alojados en un pequeño edificio denominado El Piquet, en el que estaba acuartelada una unidad del Regimiento de Caballería Borbón, que fue obligada a repartirse por diferentes casas de la población. El resto de la columna no llegó a Martorell hasta el día siguiente, donde quedó detenida por un fuerte y persistente aguacero.

Mientras tanto, el Manresa e Igualada un pregón general invitó a todos los hombres útiles a tomar las armas. Las autoridades de Igualada comisionaron a don Antoni Franch y a don José de Olzinellas para que se trasladaran hasta Vilafranca del Penedés con objeto de pedir armas al gobernador de aquel corregimiento, don Joan de Toda.

Batalla de El Bruc segons un gravat de l'època.


El 5 de junio un grupo de patriotas bastante numeroso partió de Manresa en dirección a las alturas del Bruc provisto de las armas que pudieron encontrar en la villa. Ese mismo día, desde Igualada partió hacia el mismo punto otro numeroso grupo de somatenes armados con hachas y escopetas. Iban acompañados por un grupo del 2º Batallón del Regimiento de Guardias Valonas huidos de Barcelona, al mando del sargento mayor don Justo de Bérriz y del capitán don Carlos Vicente quienes, a decir de un ilustre historiador, se distinguieron bastante durante ambos combates del Bruch, llegando a ser los jefes del día. También les acompañaba un destacamento del Regimiento de Infantería suiza "Wimpffen" núm. 1 alojado en Igualada, al mando del teniente don Francisco Krutter.

En total, el grupo de defensores del Bruc serían unos cuantos centenares de somatenes de Manresa e Igualada encuadrados por los cuerpos regulares de Guardias Españolas y suizos de Wimpffen al mando de los oficiales mencionados

El primer ataque


El general Schwartz prosiguió su marcha al amanecer del 6 de junio, sin que su paso por los pueblos de la zona le hiciera sospechar nada extraño. Atravesó Esparraguera, se detuvo unas horas en Collbató por efecto del temporal, y llegó hacia el mediodía a la zona denominada el Bruc de Dalt, lugar de reunión de aldeas y caseríos cercano al punto de separación del camino de Manresa del de Zaragoza y Madrid.

La columna francesa marchaba descuidada, como en territorio amigo, sin más protección que una pequeña vanguardia de coraceros. De pronto, al llegar a la primera revuelta que hace el camino real en su descenso hacia Igualada sobre el borde de un hondo barranco que cae al sur, y donde se separa el camino que conduce a Manresa, su vanguardia recibió un vivo tiroteo procedente del pinar cercano al caserío de Can Maçana que tumbó en el suelo a varios coraceros mientras el resto corría a refugiarse en el grueso de la columna.

Pasado el primer efecto sorpresa, el general Schwartz formó una columna de ataque que, precedida y flanqueada por una nube de tiradores, dirigió contra los defensores emboscados en el pinar y el terreno circundante. Los catalanes no pretendieron ofrecer resistencia y abandonaron Can Maçana, que fue inmediatamente ocupada por los franceses, y se dirigieron de regreso hacia Manresa e Igualada, sus lugares de origen.

Al llegar al collado el general Schwartz se sorprendió de la vista del terreno que tenía frente a él, una serie de colinas cubiertas de monte bajo que iba sorteando el camino y que le hizo creer la ilusión que le esperaban muchos y angostos desfiladeros por recorrer en las cuatro leguas que le separaban de Manresa. Creyendo que los atacantes de Can Maçana debían estar encuadrados en la vanguardia de una unidad regular, pues no podía ni pensar que había ido atacado por paisanos armados, decidió dar un descanso a sus hombres y repartir el rancho antes de proseguir la marcha.

El segundo ataque

Los fugitivos que se dirigían a Manresa se encontraron un grupo de unos 100 somatenes procedentes de Santpedor, seguidos de otros 60 vecinos de Sallent, todos ellos bien armados y hábiles tiradores, que acudían a la convocatoria que se les había hecho. A su frente marchaba un tamborcillo de Sampedor llamado Isidre Lluçá i Casanoves.

Mientras tanto, el 6 de junio por la mañana los señores Franch y Olzinellas regresaban a Igualada sin haber logrado sus propósitos de obtener armamento del gobernador de Villafranca. En las inmediaciones de Igualada se cruzaron con un grupo de somatenes de esta localidad que iba a unirse a los que habían salido el día anterior, quienes proclamaron a Franch como su jefe y le pidieron que "les guiara en la temeraria acción que iban a emprender". En su marcha hacia el Bruc engrosaron sus efectivos con somatenes de los pueblos de alrededor, hasta que tropezaron con los fugitivos que regresaban de Can Maçana tras la carga francesa del primer ataque.

Envalentonados los manresanos e igualadinos del primer ataque por los refuerzos llegados, resolvieron volver de nuevo contra los franceses. Arremetidos de improvisto por un enemigo que creían lejos, las vanguardias francesas que ocupaban Can Maçana se retiraron en desorden sobre el grueso de la columna, que estaba tomando el rancho tranquilamente en las inmediaciones del Bruc de Dalt.

El general Schwartz formó un gran cuadro, dispuesto a enfrentarse a un enemigo que parecia amenazarle por todas partes. Sin embargo, la amenaza no se materializaba. Las campanas de los pueblos de los alrededores no hacían más que tocar incesantemente, lo que hizo que el general se alarmase ante un más que previsible alzamiento popular general contra el que no se sentía con fuerzas suficiente para enfrentarse a él con éxito, por lo que decidió retirarse hacia Barcelona.

SEGUNDA BATALLA DEL BRUC

Pocos días después, los franceses prepararon una acción de represalia. El 14 de junio de 1808 tuvo lugar un segundo enfrentamiento, mucho más importante desde la perspectiva militar. El factor sorpresa ya había desaparecido y las fuerzas francesas lideradas por el general Chabran eran mucho más numerosas. Las fuerzas que se enfrentaron a los franceses, dirigidas por Joan Baget, jefe de los tercios de Lleida, estaba formada por estos y por soldados regulares - en total 1.500 soldados -, por voluntarios y somatenes, éstos en menor número que en la primera batalla, pues una parte importante de los paisanos se había retirado a causa del inicio de la siega. Además participaron dos compañías de los tercios de Cervera,y la segunda y cuarta compañías del regimiento suizo de Wimpffen que estaban en Lleida.

Los franceses llegaron al Bruc con dos columnas de ejército, una que subía desde Collbató y otra que seguía la carretera. Los franceses después del enfrentamiento retrocedieron de nuevo, dejando detrás suyo nuevos saqueos y quemas de edificios en el Bruc. La segunda batalla del Bruc rubricó los efectos de la primera y acabaron de enterrar el mito de la invencibilidad del ejército francés.

Las batallas del Bruc, como han subrayado todos los historiadores, fueron las primeras derrotas serias que tuvieron las tropas napoleónicas en Europa, y, en este sentido, sirvieron para demostrar que un ejército superior en número y recursos técnicos podía ser vencido. No es extraño, pues, que el nombre del Bruc se convirtiese de inmediato en símbolo de la resistencia al invasor, y que generase a lo largo de todo el siglo XIX una abundante literatura y múltiples representaciones pictóricas.

LA FIGURA DEL TIMBALER DEL BRUC

Símbolo de la participación ciudadana es la figura del "Timbaler", del cual dice la leyenda que era un mozo que, con repiques de su timbal, amplificado por las rocas montserratinas, contribuyó decisivamente a la retirada de las tropas napoleónicas, al hacerles creer que el número de resistentes era muy superior al real.

El historiador Cabanes hablaba del mozo de Santpedor, convertido en "general en xefe". Se habla de que este joven, para algunos autores Isidre Llucà i Casanoves, nacido en Santpedor el 15 de marzo de 1.791 y muerto el 7 de abril de 1.809, dirigió la batalla con un timbal del que se utilizaban en las cofradías. Según autores, la asimilación del "minyó" puede corresponder a la glorificación de un combate ganado por fuerzas populares mal armadas y débiles frente a un enemigo poderoso y en teoría superior. La incorporación del timbal y su repique, parece una aproximación al sonido de las campanas que tocaban a somatén desde las diversas poblaciones para convocar a la lucha.

ACCIÓN DEL COLL DE ORDAL

Intentaremos una aproximación a lo que sucedió en Ordal a partir del día 12 de septiembre de 1813.

El Ordal pertenece al actual municipio de Subirats, a tres leguas de Villafranca. El general Suchet al mando de una fuerza compuesta por unos 30.000 hombres, buscaba mantener las comunicaciones con Lérida y por ello decidió instalar su Cuartel General en Molins del Rey, en espera de futuras acciones militares.

En la noche del 12 al 13 de septiembre, Suchet se dirige al Ordal, donde esperaba encontrar acampadas las tropas del británico general Frederic Adam, que a su vez constituían la vanguardia del ejército que mandaba el general Lord Bentink. La División de Adam estaba formada por unos 1.200 infantes de las más diversas procedencias: alemanes, calabreses, ingleses y suizos, un Escuadrón de Caballería y un tren montado de Artillería. Desde el día anterior contaba asimismo con tres Batallones de Sarsfield, un Batallón español, con dos piezas de artillería de a 8".

Todos ellos parece ser se situaron en las alturas del Puerto del Ordal, presentando un amplio frente a lo largo de todos los accidentes del terreno y apoyados además en unas defensas rapidamente construídas en algunos puntos considerados como vitales en lo ofensivo. El lugar estaba bien elegido, puesto que parece (nosotros desconocemos la orografía real del lugar) constituía un punto de fácil defensa, siempre y cuando pudiese mantenerse la comunicación expedita con el resto de los Cuerpos que componían el ejército anglo-español. Esta consideración era básica, sin embargo parece ser fue ignorada por el general en jefe.

Días antes el general Bentink, desde su Cuartel General en Villafranca, cometió el error de disgregar su ejército, disminuyéndolo vitalmente al enviar al Tercer Ejército río Ebro arriba, para participar en el bloqueo de Tortosa, poniendo en peligro hasta su propio Cuartel.

El camino de San Sadurní representaba el mayor peligro. Si al enemigo se le ocurriese dar un rodeo, podría atacar la retaguardia de las fuerzas que aguardaban apostadas en el Ordal e incluso proseguir hacia Villafranca. Las tropas de Adam se hallaban desplegadas del modo siguiente: a la derecha (en dirección a Villafranca), los ingleses; a continuación, ocupando las ruinas que había al márgen del camino, los alemanes y los suizos con sus piezas de artillería enfilando la carretera; los calabreses en el centro y los españoles a la izquierda. Atrás, en reserva, la Caballería.

Vivaqueaban tranquilamente, cuando sobre la clara media noche del 12, los franceses logran sorprender a las descuidadas tropas que se ven arrolladas en su rápido y bien calculado ataque. Superados con facilidad los puestos avanzados, los franceses desbaratan las defensas donde se situaran con tantas esperanzas ofensivas, aquellas piezas servidas por los alemanes y suizos. Solamente resisten los componentes del 27º Regimiento británico y los calabreses y españoles, que se enfrentan al 7º Regimiento galo por el frente y por el ala derecha los furibundos ataques del 44º Regimiento francés. Por dos veces rechazaron los ataques, hasta que al caer herido su jefe Adam, los ingleses se retiran y quedan solamente los calabreses y españoles al mando del coronel José de Torres, del Regimiento de Voluntarios de Aragón, Tiradores de Cádiz y varias Compañías de Granaderos de Ultonia al mando del capitán Rafael Larruda.

Los franceses al mando del general Mesclop, de la División Harispe, atacaron por dos veces la posición, y otras tantas fueron rechazados. Este tiempo sirvió para que se incorporasen los hombres de Tiradores de Cádiz y otras dos Compañias de Calabria, que deslizándose por las veredas, bajaron valientemente a reforzar a sus compañeros. La inesperada resistencia opuesta por aquellos bravos soldados, obligó a los franceses a enviar nuevas columnas formadas por la Reserva de su División, al mando del general Delort, para que atacasen y flanqueasen aquel núcleo de resistencia que tantos retrasos le estaba ocasionando en el desenlace final de una operación que había comenzado tan favorablemente para los franceses.

El coronel del Regimiento de Cádiz, Antonio Bray obtuvo la Cruz laureada de San Fernando. Entre los jefes británicos destacó el comandante Bugeaud, al frente de su Batallón. Al tiempo envía por la izquierda del camino a la División Habert, para dar el último y decisivo ataque general. Si diésemos una panorámica de lo que sucedía en el Ordal, veríamos a unos 3.000 hombres del ejército hispano-británico, enfrentándose a unos 9.000 a 10.000 franceses.

Mientras algo más alejado ya, el general Decaen se dirige a Martorell, con objeto de organizarse y atacar San sadurní y Villafranca.

El general Lord Bentink no participó en nada, sus tropas continuaban inermes en Villafranca, (a pesar de que le había garantizado a Adam que no habría ataques en los próximos días) y lógicamente les llegaría el ataque por sorpresa, tanto como lo había sido para los que se hallaban en el Ordal.

Habíamos dejado a los bravos que aún resistían en el Ordal, pero los continuos ataques y la desazón de ver que no les envían refuerzos, motivó que al cabo de más de una hora de reiterados ataques, también ellos acabasen buscando su salvación y comenzaron a retroceder, unos a Villafranca y otros hacia San Sadurní. Parece ser que el general británico Bentink cuando rinde partes a Wellington, dijo: "El único consuelo que puedo ofrecer, es el valor de ingleses y españoles, de la solidez y valentía de los últimos. Todo oficial británico de los presentes habla en términos de la mayor admiración". Las bajas de la acción del Ordal fueron: "28 muertos, 78 heridos y 38 contusos, entre los británicos. 87 muertos, 239 heridos retirados del campo de batalla, y 132 que quedaron en él... ".

Vencido el foco de resistencia aliado, los franceses prosiguen en su victoriosa marcha hacia Villafranca. El heróico general borredano Manso no participó directamente en la lucha contra las tropas de Suchet en el Ordal; lo había hecho día antes, cuando tomó prisionero a un batallón italiano que estaba acantonado en San Sadurní; el día 9, cuando sorprendió en Pallejá al 7º Regimiento francés y le infirió una muy seria derrota, puesto que en su enfrentamiento aquellos perdieron los efectivos del 2º Batallón de Húsares y otro batallón italiano completo.
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