EL PAPEL DE LA IGLESIA DURANTE LA GUERRA DEL FRANCÉS. EL VALLÉS OCCIDENTAL.


Uno de los factores más importantes a la hora de explicar la revuelta contra los franceses es el papel determinante de la Iglesia Católica dentro de la sociedad del Antiguo Régimen. Hay que tener en cuenta que la religión estaba muy presente en la vida diaria de las personas de aquella época. La Iglesia controlaba grandes extensiones de terreno y acumulaba enormes riquezas. Su presencia por lo tanto se hacía sentir en todos los ámbitos, ya fueran espirituales o materiales. Desde buen principio el estamento eclesiástico dio su total apoyo a la orden social tradicional.

Los religiosos se mostraron especialmente activos en el campo ideológico y propagandístico, pero también participaron activamente en los combates contra los franceses. Incluso se creó un cuerpo del ejército formado exclusivamente por eclesiásticos, intentando retomar el espíritu de Cruzada, a pesar de que tuvo poco éxito.

El protagonismo de los religiosos fue especialmente notorio a comienzos de la guerra. La Iglesia presentaba los franceses como personas impías, irreligiosas y sacrílegas. Napoleón era visto como la reencarnación del diablo. Para dar a conocer su pensamiento conservador producen una serio de romances con finalidad propagandística: "Dios está irritado" por los vestidos de las mujeres ""moltas ensènyan los brasos y otras ensènyan los pechos". Hay que desconfiar del "taxidó de cutó".El mismo Napoleón es calificado de "fiero francmasó"y descrito como "un dimoni, y és menester fer-li creus; es barbut com una cabra, y pelut de cap a peus". Por su parte los oficiales y funcionarios napoleónicos veían los frailes como seres fanáticos que se aprovechaban de la ignorancia del pueblo para someterlo y poder seguir manteniendo sus propios privilegios.

Aun así, pero, hay que matizar la actitud del clero. Por una parte hay que distinguir entre el clero regular y el secular. El primero es el que se mostró siempre más hostil a los franceses, seguramente porque era el que tenía más a perder. Temían, no sin razón, la supresión de las órdenes monacales y la expropiación de sus bienes. Esto comportó que participaran más activamente dirigiendo y pagando los insurgentes e incluso participando personalmente en los combates, como por ejemplo en el asedio de Girona. Los frailes abandonaron masivamente los conventos en los territorios dominados por los franceses. Los testigos de su beligerancia eran bastante numerosos. Ya fuera a través de la propaganda contra los franceses con sermones, panfletos, catecismos o prensa, o pagando las partidas de guerrilleros, su presencia fue constante a lo largo de la guerra.

Por su parte, el clero secular mostró una actitud más ambigua, sobre todo con el paso del tiempo. Una vez superado un inicio de la guerra donde se desataron las pasiones parece que muchos canónigos y sacerdotes que no habían huido en un primer momento fueron conscientes de que eran más útiles manteniendo sus obligaciones pastorales y espirituales hacia sus fieles y manteniendo el culto que enfrentarse directamente al invasor. También vieron que no era la intención de los franceses acabar con su estamento. Estos supieron reconocer su función social y les permitieron continuar sin muchas molestias..

A pesar de todo esto tampoco nos tiene que hacer pensar con un clero secular siempre dócil y sumiso. Este pacto implícito entre ellos y los franceses era circunstancial y los separaba una gran barrera ideológica. Y si bien algunos de ellos mostraron una obediencia pasiva e incluso prestaron juramento a Napoleón, cuando podían colaboraban con la resistencia de una u otra forma, ya fuera conspirando o boicoteando los actos organizados por los franceses.

Hay que tener en cuenta igualmente que la Iglesia se veía amenazada no tanto sólo por las tropas napoleónicas sino también por las ideas derivadas de la Revolución Francesa, y que penetraron dentro de amplias capas de la sociedad. Empezaron a surgir ideas liberales que cuestionaban los privilegios del estamento eclesiástico. El Estado y particulares adinerados codiciaban sus enormes propiedades, mientras que los labradores rechazaban el pago de los diezmos. Los franceses pensaron que siendo así el pueblo aceptaría de buen grado la abolición de las órdenes regulares, pero a pesar de todo los religiosos continuaron manteniendo su control ideológico sobre la mayor parte de la población, sobre todo en el ámbito rural, oponiéndose a cualquier proyecto reformador.

Con respecto al Vallès Occidental también se hizo sentir el trasfondo religioso de la guerra. A lo largo del conflicto se producen innumerables saqueos de iglesias, vicarías, monasterios y otras propiedades eclesiásticas por parte de los soldados franceses.: Rubí, , Sabadell, Terrassa, Santo Julià de Altura, Sant Cugat, Montcada, etc. son víctimas de estos actos vandálicos.

Monestir de Sant Cugat.


Una buena muestra puede ser el Monasterio de Sant Cugat del Vallès. A través de su libro de resoluciones capitulares podemos intuir el ambiente entre los monjes a lo largo del conflicto. Por ejemplo, una anotación del 13 de julio de 1808 nos dice el momento en que los franceses venden por primera vez al Monasterio de Sant Cugat: "vinieron y robaron mucha plata y saquearon las casas, robaron lo dinero del Archivo y otras barbaridades que cometieron".

Aun así, esta es una de las últimas anotaciones de aquel año, pues hasta el 9 de abril del año siguiente no han más resoluciones capitulares. Hay pocos monjes al monasterio, quizás sólo tres o cuatro "por la poca seguridad que se dispensaba dentro de lo Monasterio y sos individuos habitaban dispersos (los pocos que había) por las casas de la villa, únicamente se reunían de días dentro de lo Monasterio"

Según es desprende de las anotaciones, una de las cosas que más los preocupa es la plata (el dinero): "la plata está insegura debido a la proximidad de los franceses" (10 de enero de 1810). Los bienes mas susceptibles de ser saqueados se esconden en varios lugares, como el Monasterio de Serrateix. Pero, debido a las posibles delaciones, se cambia de lugar con cierta frecuencia:" 30 de julio. Hay que cambiar de lugar la plata y los papeles escondidos, puesto que cada vez lo sabe más gente".

La hostilidad hacia los franceses se hace sentir a lo largo de todo el conflicto: siempre se refieren a ellos cómo "lo enemigo". Intentan no pagar los impuestos. Debido a este hecho, algunos monjes son cogidos como hospedajes y conducidos a la ciudadela de Barcelona. Se impone el sistema coercitivo. En cambio, los impuestos o ayudas solicitadas por la resistencia a través de la Junta u otras fuerzas combatientes parecen pagadas de buena gana: "23 de agosto de 1810.La Junta Suprema manda lo entrega de plata de las iglesias y en vistas a estas órdenes se decidió darla y que fray Bojons pase por Sabadell para informarse del modo que se debe de hacer lo entrega". Paralelamente los monjes dan una decidida ayuda a las familias de los somatenes (25 de abril de 1811). Este compromiso con la resistencia es seguramente todavía más explícito como insinúa la siguiente anotación: "1810. 22 de agosto. Libro de actas: borrar todas las anotaciones comprometidas".

Los monjes también celebran las victorias de los insurgentes:1810. "6 de mayo. Castillo de Hostalrich." Acción de gracias por el éxito de nuestras tropas en el sito". A veces hay que disimular las celebraciones, sobre todo si los franceses están cerca: el 12 de octubre de 1812 es hace un toque de campanas para celebrar el día de Pilar, pero en realidad conmemoran el aniversario de la victoria de Sant Domènec, acontecida el mismo día.

Las relaciones con los pobladores son a menudo ambivalentes. Si bien son conscientes de las penalidades de la guerra, no dejan de exigir los diezmos, lo cual provoca algunos conflictos.

Los ingresos del monasterio sufren una fuerte bajada durante estos años. A la devastación producida directamente por los soldados, se une el hambre y la peste: una anotación hecha el 1810, pero referida al año 1809 (seguramente el peor de la guerra) es bastante significativa: "se hace constar muertos ocurridas el 1809. Joaquim Surroca, hijo de médico, muerto el 18 de julio, Joan Surroca, médico, dos días después; Josep Surroca, otro hijo del médico, muerto el 15 de agosto.". Aun así, pero, parece que los monjes no sufrieron demasiado hambre, como se deduce del menú de la Mesa del Común: "Debido a las apuradas circunstancias, para comer: escudilla, olla, un guisado y postres. El escudilla: de carne, harina, fideos o sopa. La olla: de carne, harina, verduras. Lo guisado con campanaje variado. Cenar: plato de verdura cruda o cocida, guisado y postres. La carne, 7 o 8 onzas por individuo. Días de ayuno: un solo plato de pesca salada. Nadie, ni pagando, tiene derecho a hacerse guisar nada en la casa del común. Invitados decentes: dos pesetas para comer, una para cenar".

Por otro parte, el Monasterio siempre se opondrá con todas sus fuerzas a la reducción de sus ingresos a través de los diezmos.
Telèfon: 93 729 14 72              E-mail: fundacio@oreneta.org